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Primera cita

Ella vino a mi casa, vimos una película, conversamos, tomamos un par de cervezas, reímos, nos miramos, nos sonrojamos y nos distraíamos. No es fácil, nunca fue fácil para mí de esa forma. En general se da cuando estamos tomando en grupo, vamos a una fiesta y en el momento del baile nos besamos. Pero con ella ya no era así, ya estábamos en casa, conociéndonos, intentando forjar algo más allá de una simple diversión, algo que tal vez se convierta en amistad, pero bien. Ella tiene 21 pero su mente debe tener mi edad. Mi mente aún debe tener 21. Dan las 11 y seguimos conversando. Luego la acompaño a tomar su carro. Nos abrazamos y se va. No sé qué pensar, parece que le gusto y que sí quiere algo conmigo, pero a la vez, en determinados momentos, parece que solo quisiera ser mi pata, y todo eso me confunde. Unas horas después me manda un mensajito: Tímida 1 + Tímida 2 = No se besan.

Segunda cita

Nos encontramos en el CCE para la presentación de una revista feminista, nos sentamos atrás, en el último asiento. Yo esperaba que apagaran las luces para besarla (sí, soy una idiota). Conversamos y nos reímos, le cuento sobre cada persona que entra a la sala. Se ríe de mis historias, nos tomamos selfies que nunca publicaremos. Me lo manda a mi whatsapp y pone como leyenda de la foto *ruega que apaguen las luces*. Termina la presentación y nos vamos con todas a un bar a tomar unas cervezas. En el transcurso de la chupeta M me pregunta: “Oye, qué ha pasado con R ah, ¿se ha convertido en heterosexual?”. Yo le digo que siempre fue bisexual. A se mete en la conversación y me dice: “Oye, sí, qué pasó, veo que publica foto tras foto, ¿no querrá sacarte pica?”. “No creo”, le digo, “se enamoró supongo, pero está bien pues, que sea feliz, si ella es feliz, yo soy feliz”. Cambian de conversación. Miro a E, ella me mira sonriendo, se caga de risa de mi cara palteada, me río con ella. El momento incómodo pasó. Una hora después me dice que tiene que irse, nos levantamos de la mesa, todas nos ven yéndonos y se sorprenden un poco. Yo digo que voy a volver, pero no regreso. Camino a su lado pensando cuál es el momento justo para besarla, en qué momento la tomo de la mano y le digo que me gusta, que me gusta mucho. Seguimos caminando y llegamos a la estación del bus. Antes de que cruce la entrada que nos separará de forma irremediable, la tomo de la cintura, la volteo y la beso. Ella pone sus brazos sobre mis hombros, me besa dulcemente, estamos así un rato hasta que le digo: nos van a botar. Entonces nos separamos y ella cruza. Yo me voy con el corazón acelerado y dando saltitos. Me siento feliz. Y solo fue un beso.

Tercera cita

Sale de sus clases a las 11. Llega a mi casa a las 12. Nos encontramos en la puerta. Yo vengo de una reunión de NTM y ella había llegado un poco más temprano. Entramos, la señora que limpia la casa nos mira horrible. Ella se paltea. Le digo que así es siempre, que no se preocupe. Sonríe y me dice para ver una película. Le digo que ya, pero no vemos la película y nos ponemos a ordenar mis películas, todas. Sabe mucho de cine, coloca las películas por género, conversamos sobre varias, le presto un montón. Me emociono, hace tiempo que no hablo de cine con ninguna chica, bueno, con ninguna chica que sepa de cine, pero ella necesariamente sabe porque estudia para ser directora de cine (la amo). Salimos un rato a comprar cerveza, antes de regresar paseamos por el malecón. Es la primera vez que voy por ahí y es con ella. Están grabando una serie o una película. Vemos a un par de actores famosos. Hace mucho calor y regresamos a la casa. La señora malhumorada sigue ahí, nos metemos a mi cuarto. Destapamos la cerveza. Conversamos. Pongo mi playlist de spotify. Una a una se sabe casi todas las canciones que tengo en mi lista. Se ríe de las de José José. Se emociona con Russian Red. Se queda impresionada con La Buena Vida. Canta toda las de Sia. Descubre a Javiera Mena. Y yo me emociono cada vez más. Si ama mi música, no me queda otra más que amarla, con toda mi alma.

Estamos echadas en la cama conversando y tomando. Ninguna se atreve a dar un paso más. Menos yo, a pesar de que siento que la responsabilidad de eso recae sobre mí, no me atrevo, me paltea que me rechace a pesar de que todo está a mi favor, a pesar de que está cerquísima, a pesar de que siento la piel de su brazo rozando el mío. Es ella la que viene a mi casa, es la que se echa a mi lado, es la que me mira largamente esperando que diga o haga algo, es la que se ríe de todos mis chistes, hasta de los más patéticos, es la que se emociona cuando le menciono algo y me dice ¿cómo sabes tanto? Y me va contando cositas de ella y de sus amigos, de su familia, de sus mascotas, de sus sueños, de sus ideales, de su feminismo.

Conversamos tanto que ya no tenemos nada más que decirnos, de pronto su brazo se estira hacia mí y me jala hacia ella. Me lanzo, la beso y la beso y la beso intensamente y me pongo encima de ella y seguimos besándonos y nos acomodamos y se quita la ropa y yo me quito la mía, y nos entregamos al deseo, tanto que en algún momento me dice entre gemidos que ya no puede más, que ya es demasiado para un día, para la primera vez. Pero seguimos abrazadas y no se cansa de besarme tiernamente, y de abrazarme como una niña perdida, y yo no me canso de acariciar su piel suave, su estómago liso, sus senos pequeños, su vida entera, mientras le digo que me gusta mucho, que me vuelve loca, y ella repite las mismas palabras, pero suenan tan distintas, tan nuevas, tan llenas de contenido.

Hacer el amor es hacer con pequeños nuditos una cuerda y atarnos a esa cuerda y no soltarnos más, y mientras una hace/deshace/construye el amor, como una pequeña casa, va poniéndole las paredes, y las va pintando, y va poniéndole el techo, para protegerse, y las puertas y las ventanas, para que entre la esperanza, y los muebles, para encontrar descanso; y quiero que ella siga haciendo eso conmigo, quiero que me pinte, que me proteja, que me dé esperanza, que sea mi descanso. Quiero que llene esta casa vacía, de ella, de su vida, de sus palabras, de sus sonrisas, de sus carcajadas, de sus miradas, de sus orgasmos, de sus gemidos, de sus olores. Quiero que la cubra toda para que esta casa nunca más esté vacía. Y mientras pienso en eso nos seguimos besando y rehacemos el amor en la cama, entre las sábanas, entre su saliva y mi saliva, entre sus flujos y los míos, entre palabras que se van encadenando predispuestas a articularse en oraciones llenas de amor.

Y no sé si esto siga adelante, si tenga futuro, aunque muero porque tenga todo el futuro del mundo. Pero sé cómo es la vida y generalmente no es lo que esperamos. A pesar de ello, siento que estoy cayendo en este abismo nuevamente y muero de miedo, creo que ella sí tiene todas las posibilidades de ser el amor de mi vida, y por ende, de romperme el corazón como nunca nadie lo ha hecho. Quiero que sea mi amor y que sea mi vida, quiero que lo sea todo. Y muero de miedo.

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