Arcoiris

A veces ella es una leoncita. Me encanta cuando le pone pasión a las cosas. Cuando se trepa a los cerros llevando un poco de felicidad a los niños más abandonados, cuando trata de acompañarme a mis actividades de feminismo/lgtb, cuando está a mi lado mientras me peleo con medio mundo intentando que entiendan que no hay solo una visión de las cosas, pero por sobre todo, que no pensamos negociar ni un poquito nuestras vidas.

Me gusta que sea tan fuerte y a la vez tan frágil. Tan frágil cuando está conmigo, tan fuerte cuando me acompaña, o cuando va sola al fin del mundo a hacer algo bueno por los demás. Tan fuerte cuando piensa en los animales y su sufrimiento antes de cualquier otra cosa. Tan fuerte cuando se esfuerza por comprender un mundo que es una porquería para casi todxs, pero sobre todo para mujeres, lgtbi, niñxs, ancianxs y animales.

Y esa fuerza la hace tan grande y tan hermosa, que me siento la mujer más feliz del mundo de haberme enamorado de ella, de que ella me quiera, me necesite y me llene de tantas cosas hermosas y repletas de sentido.

A veces se pone un poco celosa, pero sus “celos” son encantadores, tipo: “entiendo que mires a esa chica, es tan guapa”. Y yo justo la miraba porque no me parecía guapa y me parecía extraño cómo caminaba. Por suerte me dice esas cosas de forma calmada y sonriendo, como esperando mi respuesta sabiendo que habrá una buena respuesta.

Ahora, dentro de lo razonable, cualquier cosa puede pasar entre nosotras dos, ella se puede enamorar de otra persona, tal vez lo esté, quién sabe, algunas experiencias me han quitado la confianza en la gente, pero mientras no me entere todo bien. Yo también podría arruinarlo todo, pero mientras no suceda nada que me lleve a hacerlo, tampoco lo haré. Y mientras tanto, seguiré alimentando esta ilusión y este amor bonito, tranquilo, esperanzador.

Felicidad

“Hace tiempo que no era tan feliz como lo soy ahora, te quiero más”, me dice.

Leo sus mensajes. Pienso en que ella es feliz, realmente feliz, y yo también lo soy. De una forma apasionada y también de forma tranquila. La combinación perfecta. Disfruto de su compañía, de su conversación, de sus observaciones sobre cine, de su música, de su risa, de su frescura y naturalidad cuando habla con Dani, cuando almuerza conmigo, cuando se echa a mi lado, cuando hacemos el amor, cuando me da sus opiniones sobre la vida, sobre todo, de forma tan inteligente y madura que me sorprende que tenga 21, y a veces la veo tan frágil que me sorprende que no tenga 17.

Se ríe a carcajadas de mí y no me molesta, siento que lo hace con cariño, con ternura. Su risa contagiosa me hace reír a mí también. Me enseña los lunares de su cuerpo y los cuento y los guardo en mi memoria. Guardo también todo este sentimiento de tranquilidad, de amor, de seguridad, de orden, de paz, de pasión loca entre las dos, solo para las dos, para nadie más. Eso también me gusta, he hecho tan pública mi vida por tanto tiempo, que hacerla ahora más discreta tiene su encanto, el encanto de que ella no tiene la necesidad de hacerlo, se siente bien con tal y como van las cosas, no tiene otra ansiedad más que verme, y la adoro por eso, porque también tranquiliza mis ansias de publicarlo todo, de abrirlo todo, de mostrarlo todo.

Hay que mostrar lo importante, me dice, para mí eso lo hace especial, cualquier cosa no es especial. Y siento, como ya es costumbre, que me gana en madurez, en autoestima, en racionalidad.

Le digo que hemos perdido cinco años, que debió estar conmigo desde que la conocí y no pasar por todo lo que pasé esos años. Me pregunto a mí misma: ¿y si me hubiera lanzado la primera vez que la vi? sin importarme que estaba con novia, ¿si hubiera ido tras de ella?, ¿si hubiera seguido mi instinto y no hubiera temido tanto a su edad, a su juventud, a su timidez de entonces?

Cinco años, ella era una jovencita, yo empezaba mi vida de lesbiana. Ella venía tras de mí pidiéndome consejos, que la acoja, que la haga fuerte, y yo, como una mentora, le señalaba los pasos a andar para que ella los ande sola, para que vea cómo los anda, pero que sepa que había gente en el camino que andaría con ella. Cinco años después ella está acá, conmigo, compartiendo mi vida, con su juventud, su belleza, su amor, su valentía, todo junto, todo nuevo y todo de antes, porque siempre fue joven, bella, amorosa y valiente.

Me pregunto qué hubiera sido de mi vida hace cinco años si hubiera seguido mis instintos y sé que no tiene sentido, pero me gusta imaginar que algo fue posible antes mientras hoy todo es posible.

Creo que me estoy enamorando de ella. Y me emociona y me asusta, como todo lo nuevo, como todo lo hermoso. Creo que ya estaba enamorada de ella desde que la conocí, tan pequeña y aguerrida, buscando justicia para ella, para su amor juvenil. Estaba enamorada de su entereza, de su atrevimiento, de sus ganas de no dejarse vencer. Y nada se ha perdido, ella sigue siendo la misma, ese ser hermoso, casi angelical (sigo creyendo que es un milagro), que demoró cinco años tal vez porque yo tenía que aprender y me lo merecía, pero que ya está aquí, ya está conmigo, ya está en mi vida, haciendo milagros en ella también.

El primer recuerdo que me viene de ella es su mirada como Adele mirando a Emma mientras están echadas las dos en el pasto. Esa mirada, esas ansias por besarme, esa cercanía, esa forma de conjugar los instantes, de hacer frágiles los segundos, de hacer fuertes los nudos que nos atan. La adoro, no puedo decir menos que eso.

Sueño

Estoy en Cusco desde el jueves, y no dejo de pensar un solo día en ella. Me asusta abrir mi fbchat y que ella me haya mandado un mensaje diciendo que ahí lo dejamos, que terminamos, por cualquier motivo. Me asusta mucho, pero veo sus mensajes y tienen tanto amor, espera, paciencia, ternura que nuevamente me vuelve el alma al cuerpo.

Este blog se volverá un continuo de miedos, a perderla, a que ya no quiera estar más conmigo, a que se aleje de mi vida. También contendrá la esperanza porque eso no suceda. El martes la vuelvo a ver, y ya quiero que sea martes de una vez, y ser feliz entre sus brazos, atada a su cuerpo, a sus besos, a su amor.

Poquitos – lentitos

Es obvio que estoy exagerando un poquito ¿no? O sea, las cosas son bonitas pero tampoco mágicas o milagrosas, ella me encanta, yo le encanto, nos encantamos, pero tampoco nos cegamos. Estamos caminando lentito y me gusta hacerlo así. Puede que duremos poquito como no, puede que duremos mucho tiempo, eso sería muy lindo, puede que duremos para siempre, lo que sería genial., pero tampoco es algo en lo que me estoy esperanzando.

A veces me emociono demasiado, y a veces vuelvo a pisar la realidad. Lo bueno es que dentro de mis dudas, ella siempre está ahí tranquilizándome, diciéndome cosas que me calman, que quitan mis dudas. Claro que cuando no está todas mis dudas vuelven. Y sé que soy débil de formas inimaginables, así que eso también requiere autocontrol de mi parte, autocontrol que estoy tratando de conseguir y que siento que a veces pierdo.

Por otra parte, me encanta esta sensación de enamoramiento tranquilo, de que si se va o se termina no es el fin del mundo, sino el fin de mi mundito chiquito, de ese mundito que estamos construyendo pero es un mundito al fin y al cabo.

Quisiera pasar más tiempo que ella, que ella pueda pasar más tiempo conmigo, pero siento también que si eso pasara de alguna forma quemaríamos etapas demasiado pronto y tal vez arruinaríamos todo. Por suerte, ella es más madura que yo, y sostiene todo lo que yo estoy a punto de tirar por la borda.

Creo que nunca me sentí tan bipolar, voy de la calma más extrema y la ansiedad más fastidiosa. Espero que esta sensación pase pronto y vuelva a ser el mismo ser relajado de siempre, no solo por momentos. Igual, siento que sigo exagerando todo, aunque a veces me parece divertido (el problema es que no llego a creérmelo totalmente)

Me voy a Cusco este fin de semana y espero comportarme a la altura de las circunstancias. Seguramente voy a poner mi madurez y autocontrol otra vez en juego. Espero salir bien librada. Espero seguir amándola bonito, como se lo merece.

Ella

♪ Vamos decime, contame, todo lo que a ti te está pasando, porque sino cuando el alma está sola llora. Hay que sacarlo todo afuera como la primavera, nadie quiere que adentro algo se muera. Hablar mirándose a los ojos, sacar lo que se puede afuera, para que adentro nazcan cosas nuevas ♫

Gracias a ella mi vida es distinta, ahora está llena de ternura, paz, amor. Amor, ese que tanto extrañaba, ese que te llena de sosiego el corazón y te permite dormir como un bebe. Aún no sé cómo explicarlo, pero creo que se puede resumir en decir que ella es un ser bueno. Y eso es mucho. Hay tan poca gente buena en el mundo que que alguien así esté en tu vida acompañándote y llenándola de cosas buenas, es casi un milagro. Y me pasó a mí.

Cuando pienso que no puede ser mejor, ella me demuestra que sí, que puede ser mejor. Está tan desligada de cosas materiales y superficiales que siento que yo, que en general no tengo y no quiero nada, soy un ser materialista y ambicioso. Hace las cosas más sencillas, no se complica, me comparte cosas que le interesan, conversamos harto, y por fin me escucho a mí misma sin temor de ofender, de decir algo incorrecto, de que se pueda molestar por cualquier cosa. No se molesta, me escucha, me pregunta, me replica y me besa, me besa y me besa casi sin descanso. Me comparte su día como yo le comparto el mío. Comparte mi vida con tanto gusto como yo quiero entregarle la mía.

Y sí, es más madura que yo, y también más noble. Me lo está demostrando cada día, mientras yo me comporto a veces como una inmadura idiota, cuando me dejo llevar por rezagos del pasado, cuando siento que es posible volver a hundirse en el abismo de la incomprensión y la locura. Por suerte ella está ahí, más fuerte que yo, más sana, más inocente.

Amar a alguien bueno es lo mejor que nos puede pasar. Que me ame alguien bueno es lo mejor que me puede pasar. Cuidar eso bueno y bonito es completamente fundamental si quiero que mi vida siga siendo iluminada por su presencia. Solo se requiere eso, y tuve que pasar por mucho para entenderlo, cero peleas, cero rencores, cero dramas, cero celos, solo amor, amor del bueno, amor infinito.

Y tal vez me equivoque, tal vez lo arruine todo, tal vez la pierda en algún momento, pero no quiero, quiero hacer todo lo posible para poder seguir hablándole de “nuestra vida”, la vida de las dos, mi vida.

Sueño

Sueño no perderla nunca, que esa posibilidad no exista, que me siga amando como me ama ahora, tierna, dulce, casi celestial. Que me mire y se ruborice y luego yo me ruborice, y que nuestros besos cada día sean un nuevo descubrimiento, una nueva forma de abrazarnos, una nueva forma de tomarnos de la mano y sentirnos cerca, juntas, una al lado de la otra.

Me gusta que llegue y me diga: ¿vamos a ver una película? Que el amigo que más quiero se le acerque y la abrace cariñosamente, y luego me diga a mí cuando estamos solos: no la pierdas nunca, cuídala, ni se te ocurra cagarla. Y yo repitiéndole que no, que la adoro, que no quiero perderla, que sería una completa estúpida si lo hago.

Y así pasan mis días, soñándola, deseándola, queriéndola, pensándola, deseando que pase más tiempo conmigo, que se independice, y luego pensando que está bien ir poco a poco, paso a paso, construyendo lentamente, afianzando nuestros lazos de amistad, de cariño, y extrañándola de esa forma que me hace esperar, tener paciencia, y desesperarme también, pero intentándolo, haciéndome fuerte.

Carajos, la adoro, no soy la misma, no seré la misma nunca más

Tierra

Ayer tuvimos nuestra primera “discusión”, que realmente no fue una discusión, fue más un malentendido, una tontería. Luego ella se disculpó por haber exagerado un poquito. Me pareció tierno y radical a la vez, pero también intempestivo e innecesario. Lo bueno es que me devolvió un poquito a la tierra, a ver las cosas más calmadamente, a tratar de entenderla en toda su juventud e impaciencia, y también en sus ganas de que las cosas funcionen bien y mi natural desidia sobre algunos temas.

Es sorprendente siempre cómo este tipo de cosas ya te van marcando un camino a seguir (y a permitir). Recuerdo que a una ex le permití cosas increíbles, peleas completamente innecesarias y celos extraviadamente delirantes, todo unido a manipulación intensa y una fuerte obsesión por seguir juntas. No pienso permitir eso nunca más en mi vida, por más perfecta o hermosa que sea alguien.

Por suerte, mi contratiempo con E no fue por nada de eso. Con ella será el tiempo, el hecho que vive lejos, que no es independiente, que depende de sus padres, que yo soy mayor y tengo mi vida hecha, que no podamos vernos tan seguido (lo que creo que tiene sus ventajas, porque nos permite ir con calma y no estar anunciando locamente que somos el amor de nuestras vidas y luego terminar todo o engañarnos a nosotras mismas), que está medio en el clóset y medio afuera, que no sabe cómo decirme las cosas porque se siente intimidada por mi experiencia, por todo lo que he vivido, porque tiene miedo de que no la entienda, de que me burle o de que deje todo.

Lo que me gusta de ella, una de las tantas cosas que me gusta, es que sea responsable con sus estudios, que no anteponga sus deberes a mí, eso me da una señal de la calidad de persona que es, no tenemos por qué sacrificar nada por ninguna, ni estar pendientes de satisfacer las necesidades de la otra, ni estar pegadas sin hacer nada como si realmente necesitáramos estar pegadas, cuando no es necesario para nada. Esa independencia es necesaria para cualquier relación sana. No creer que la otra es el centro de nuestras vidas, porque no, porque el centro de nuestras vidas somos nosotras mismas, todo lo demás es puro egoísmo.