Un nuevo mundo

Esta sensación repetitiva de que pierdes lo más preciado, y que eres la responsable de ello, pero que no puedes hacer nada para regresar el tiempo, porque simplemente el tiempo no regresa, y tienes que asumir tus errores.

Inicias el día con un suspiro interminable para intentar meter el alma al cuerpo, esa alma que intenta largarse continuamente de ti para no sufrir más. Te la metes, te levantas, te lavas la cara y empiezas la rutina por la que vas a empezar a vivir unas 18 horas hasta que el sueño te salve de la desolación.

Solo el sueño te salva de la desolación, a pesar de que cueste conseguirlo, de las vueltas infinitas, de las vueltas cerebrales que no te dejan descansar.

Tengo suerte, no soy de las que se regodea 24 horas con la muerte y el vacío, cada par de horas aparece algo que me devuelve la esperanza o la risa, luego vuelvo a ese estado sentimental de apagamiento continuo en donde solo me arrastro, pero en general, mi vida ha sido así, medio arrastrarme por las cosas que me pasan.

Tengo que aprender a decir adiós y ese proceso me puede tomar un par de meses, pero luego de eso el adiós estará bien establecido, concreto, como una roca, en mi vida. Necesito ese adiós concreto como una roca para tirarlo al mar. Ese es la ceremonia final, el adiós acaba en el mar de mis recuerdos. Y ya no se siente igual. Ya no se siente como EL ADIÓS, se siente apenas como una nostalgia de un tiempo perdido.

Luego una aprende a encontrar veranos en los inviernos más pesados de su vida. Ese verano es el que estoy buscando hoy. Para mí y por ella. Para que ella también sea feliz.

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2018 marzo

La extraño. Aunque le dije que extrañar era tonto e inútil, y no sé muy bien porque tenía esa actitud idiota todo el tiempo, la extraño. Extraño las cosas buenas que me daba y me gustaría extrañar también las cosas malas, pero eso me quita el extrañamiento, y yo siento que quiero extrañarla, todos los días. Dormir pensando en el color de su cuerpo y abrazar la almohada como si fuera su pecho y pudiera dormir encima de este, y despertar y pensar en ella, en su cabello ensortijado y en cómo se reía de mis bromas, y cómo no paraba de hablar contándome todas sus cosas, y yo escuchándola casi silenciosa porque sé que se me escapa el tiempo para escucharla y no quiero perder ni una de sus palabras, ni una sola, porque ya perdí demasiadas en esta memoria frágil que solo recuerda su boca moviéndose y su no-olor y el calor de su cuerpo y el sabor de su intimidad, entre agrio y dulce.

¿Por qué el amor no es más simple? ¿Por qué no es entenderse mágicamente y que todo lo demás no pese ni cuente? ¿Por qué tiene que doler una y otra vez? Sé que lo arruinamos mutuamente, y me duele, porque hubiera querido que todo fuera mejor.