2018 marzo

La extraño. Aunque le dije que extrañar era tonto e inútil, y no sé muy bien porque tenía esa actitud idiota todo el tiempo, la extraño. Extraño las cosas buenas que me daba y me gustaría extrañar también las cosas malas, pero eso me quita el extrañamiento, y yo siento que quiero extrañarla, todos los días. Dormir pensando en el color de su cuerpo y abrazar la almohada como si fuera su pecho y pudiera dormir encima de este, y despertar y pensar en ella, en su cabello ensortijado y en cómo se reía de mis bromas, y cómo no paraba de hablar contándome todas sus cosas, y yo escuchándola casi silenciosa porque sé que se me escapa el tiempo para escucharla y no quiero perder ni una de sus palabras, ni una sola, porque ya perdí demasiadas en esta memoria frágil que solo recuerda su boca moviéndose y su no-olor y el calor de su cuerpo y el sabor de su intimidad, entre agrio y dulce.

¿Por qué el amor no es más simple? ¿Por qué no es entenderse mágicamente y que todo lo demás no pese ni cuente? ¿Por qué tiene que doler una y otra vez? Sé que lo arruinamos mutuamente, y me duele, porque hubiera querido que todo fuera mejor.

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