Ama-necer

Despierto a su lado, estamos desnudas, no sé si abrazarla o correr al baño. Despierto porque quiero orinar y los recuerdos empiezan a llenar mi cabeza. Salgo del baño y me echo a su lado, ella ya se ha puesto el pijama y sale al baño también. Regresa y empieza a acariciar al perro. Él ha estado todo el tiempo ahí, pero no me había dado cuenta. Recién en la mañana me percato de su presencia. Ella se ríe. Ahora está entre nosotras. Le tomamos foto, lo acariciamos. Le pregunto sobre su trabajo, la abrazo suavemente de la cintura, mientras el perro lame mi mano. Es extraño, siempre es extraño estar a su lado, es como si fuéramos dos personas distintas en el día y en la noche. En la noche es como si todo nos atrajera la una a la otra, es fácil acercarme, es fácil abrazarla, es fácil besarnos locamente y hacer el amor hasta que nuestros cuerpos se agotan, desfallecen y el sueño nos vence. En la mañana todo es difícil, incluso mirarla a los ojos. La abrazo por la cintura y me acerco más a ella, meto mi cara en su cabello que huele a cigarro. Ella vuelve a reírse. De eso conversamos hace un rato. ¿Hace un rato? ¿En la noche? Dijimos: olemos a cigarro. Lo recuerdo, pero no recuerdo el tiempo en el que lo dijimos. ¿Lo habremos soñado? Sigue acariciando al perro, mientras yo intento tomarle otra foto. Luego gira levemente, extiende su brazo hacia mí rodeando mi cuello y me besa en la boca. Es el primer beso que nos damos en la mañana y ya quiero más, pero todo siempre es a cuentagotas a la luz del día. Mis amigos están en el cuarto de al frente, les digo para ir a tomar un jugo. Aceptan. Ella también se anima, sacamos a pasear al perro, mientras esperamos que se alisten. Y vamos juntos al mercado. Y todo es como si no hubiera pasado nada la noche anterior. Como si fuéramos buenas amigas. Como si acabáramos de encontrarnos. Me recuerda a cuando la veía con su novio. Casi no se tocaban, no andaban de la mano, no se hacían cariño. ¿Así será siempre? Debe haber más que eso, pero tal vez yo no lo descubra, tal vez lo descubra otrx, o tal vez ya hubo y se perdió con el tiempo. Diez o veinte años después del primer y segundo y tercer amor ya nada es igual. Regresamos a su casa, no sé si subir o despedirme en la puerta. Por suerte tengo que recoger unos libros. Subo. Mientras los empaquetan, nos abrazamos, le acaricio la espalda, ella suspira un par de veces, no sé bien por qué suspira, pero me gustaría saberlo, veo sus ojos detrás de los enormes lentes negros que usa, nos damos un beso en los labios, y otro más hasta que nos interrumpen. Dos besos que se quedan clavados en mi mente desde hace cinco días porque es lo que me mantiene a flote cuando la soledad parece invadirlo todo. Recuerdo sus besos, la vuelvo a besar en mi mente, imagino nuevamente historias de amor a su lado, que duermo con ella, que despertamos juntas, que vuelve a susurrarme todas esas cosas que me susurra en las noches, ebrias de amor o de algo parecido al amor, prometiéndonos imposibles que al día siguiente olvidaremos. Pero lo más importante: me dijo que ya no está con él. Así no sea cierto.

Un año antes

Ella tal vez no recuerde la fecha, pero yo sí. Ella no sabe que cumplimos un año de haberlo hecho por primera vez. Yo tenía un tiempo de haber acabado una relación larga, hermosa y tormentosa a la vez, con todo lo que eso puede significar. La había visto antes, pero nunca me había llamado mucho la atención. Era, como cualquier compañera, alguien más que apoyaba la lucha. Y ese día estaba en la fiesta, y yo ya estaba picada así que me atreví a decirle para bailar, algo imposible de hacer de otra forma por mi timidez, y aceptó, y bailamos. Después de eso todo es medio nublado. Tengo una foto que nos tomó una amiga. Una foto delirante en donde las dos estamos ciegas.

Luego de eso desperté en tu cama. Creo que querías que me vaya, ni tú sabías muy bien qué hacía ahí, pero yo no podía irme, no por ti, sino por mí, no podía mantenerme en pie, me sentía muy cansada. Dormí un par de horas más, tú también, luego volví a despertar, me alisté y me fui. Estabas durmiendo y no me despedí. Intentaba encajar el rompecabezas imperfecto de mi mente. Te recordaba desnuda tocándome. Yo encima de ti intentando hacer algo, seguramente algo inútil por mi estado. No sabía si sentirme feliz por lo que había pasado, aunque en el fondo me sentía infeliz. Ese amor del pasado volvía y volvía y me seguía arrastrando. Dos días después me escribiste. Me avergonzaba no haberte dicho nada. Me escribiste algo lindo. Algo que debía haber aprovechado para invitarte a tomar algo y conversar. Pero no, seguía en el pasado y seguí así por mucho tiempo. Y tú ya tenías un presente. Y yo había perdido mi oportunidad. Tal vez una oportunidad que realmente no existía, pero algo se había perdido, porque ni siquiera lo había intentado.

Te volví a ver varias veces después, pero actuábamos siempre como si nada hubiera pasado. Tal vez nada había pasado realmente, pero siempre imaginaba que algo aunque sea había sucedido en ese momento en que nuestros cuerpos estuvieron juntos. Pasaron varios meses más, no teníamos nada en común. Hasta que la suerte empezó a jugar de mi lado. Me comprometí en un proyecto en donde tú estabas indirectamente, aunque yo no lo sabía. Acepté porque era un reto nuevo para mí, nunca había hecho teatro, y siempre termino aceptando las cosas locas que me proponen. Te veía nuevamente de vez en cuando entrar y salir sin imaginar que tú manejabas ese espacio, que era tuyo, que era lo que amabas.

Y yo ya me acostumbraba a no ser nada de ti, a no intentar nada, a verte como una amiga, hasta el día de tu cumpleaños, que una amiga en común me empujó para bailar contigo, ella sabía que yo moría por ti, que siempre estaba haciendo bromas al respecto, ella era la única que sabía que nos habíamos acostado hace un año, solo ella, tú y yo. Y bailé contigo y te besé, y me besaste frente a tu novio, y te sentiste mal, porque no es bueno hacer esas cosas frente a gente que nos quiere, pero yo estaba feliz, por fin te había vuelto a besar, y de nuevo renació en mí la esperanza, como un filo de luz entrando por la puerta.

De pronto, un intermedio en la fiesta de un amigo en donde nos dimos besos de a tres con otra amiga, una amiga que me había robado el corazón por tres semanas y que me había hecho olvidar el enorme deseo que tenía por ti, mientras tú estabas con él. Y luego del beso, tu preocupación por tu novio volvió a enturbiar los recuerdos.

Luego unas semanas más y el proyecto también ya era tuyo, ya eras del equipo porque varias habían desertado, y ya te veía todo el tiempo, y para celebrar fuimos todas a tomar a un bar, y nos divertimos, y como locas nos fuimos a otra discoteca, y ahí me tomaste de la mano y me llevaste a un cuarto oscuro y dimos rienda suelta a eso que teníamos guardado tanto tiempo, hasta que nos botaron, y de pronto te vi yéndote con alguien y te jalé y no dejé que lo hicieras, nos subimos a un taxi, no recordaba tu dirección, así que fuimos a mi casa, nos dormimos en el taxi, al despertar vi como el taxista intentaba tocarte la pierna, lo insulté, me gritó, y nos botó a unas cuadras del lugar donde vivo. Llegamos exhaustas y dormimos. Al día siguiente desperté y me quedé viendo tu rostro mientras dormías, tu piel de fruta, tus cabellos locos. Luego despertaste y te reíste mientras te contaba todo el esfuerzo que hice por llegar sanas y salvas. La resaca nos hundía en el colchón, te traje agua, me volví a echar, luego de un rato nos dimos cuenta que habías perdido el celular, media hora después te levantaste para irte, tenías que pasar sobre mí, así que te acercaste para despedirte y me besaste, y ya no nos soltamos, nos fundimos en un abrazo intenso y en cientos de caricias, y si no hubiera sido porque, como siempre, soy una idiota que no se atreve a terminar las cosas, hubiéramos hecho el amor como hacía un año. Solo tus marcas me quedaron en la espalda, tu olor en mis dedos, tus gemidos que me hacían explotar la cabeza y el recuerdo de tu rostro acercándose al mío para poder por fin respirar.

Después pasó lo que menos hubiera imaginado: viajar juntas. Y me dije: mi momento ha llegado. Pero no llegó. A pesar de todo, no puedo intentar entrar en tu vida a la fuerza, y si tengo algún encanto, este al parecer no sirve junto a ti. Fueron diez días los que estuvimos juntas, y solo al antepenúltimo (14/10) pudimos besarnos y volver a hacer el amor, pasaron siete días para que te acercaras a mí con una cerveza, mientras yo ponía la música en ese bar de mala muerte, y me miraras de forma extraña y me dieras besos en la mejilla, y yo sin entender nada te hacía bailar una salsa, y luego me seguía preocupando por la música en lugar de ti. Hasta que no te vi. Y dejé todo y me fui al patio trasero a buscarte, y ahí estabas tú sonriendo y charlando, y yo también me pongo a bailar y a cantar, hasta que no sé cómo estamos nuevamente en la pista de baile besándonos, y te digo para irnos y aceptas, y nos vamos al hotel y otra vez esa fusión de cuerpos, y esas manos locas y tiernas, y esos labios que se desean con fruición, casi con desesperación, porque no hay un mañana, porque el mañana tiene 30 días, porque serán 30 días de miradas serias y de saludos distantes y de frases cortas y de aniquilamiento de la ilusión.

Pero solo fueron nueve días. Pensé que serían más, ya hasta me hacía a la idea de verte poco, de verte casi nada, aunque me moría por hablarte, por mandarte un mensaje, por invitarte a salir. Ese día que llegamos a Lima y nos despedimos, nuevamente fue con un fuerte abrazo, con tus suspiros que aún intento descifrar y con un beso en los labios, ¿cuántas veces vez más me besarás sin sentir nada? ¿Sin querer nada conmigo? A estas alturas ya no importa.

Cuando llego al bar te veo ahí sentada, me acerco a ti y te saludo normal aunque parecía que tú querías abrazarme, casi había olvidado que no nos veíamos desde el viaje, como si nos hubiéramos visto ayer y siguiéramos haciendo como que no tenemos nada (porque tal vez no tenemos nada). Pero estoy ahí sin poder verte a los ojos otra vez, muriendo de vergüenza, y haciendo cualquier cosa menos clavarte la mirada, porque no quiero ser de esas lesbianas locas que no se controlan y que terminan acosando a la gente. Lo que menos quiero es perturbar en algo tu existencia. Y bebimos, y luego me llevaste en tu moto a una fiesta, y luego a otra, y nuestros amigos se fueron temprano y no se despidieron porque nos estábamos besando, y de forma extraña y madura decidimos irnos también antes de perdernos totalmente en el alcohol. Y despierto a tu lado, estamos desnudas, y no sé si abrazarte o correr al baño.

 

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