No-heterosexual

– ¿Ahora sí me vas a besar?

– ¿Por qué no me besas tú?

– Pensé que no querías

– Claro que quiero

Se acercó a mi rostro, acerqué mis labios, ella abrió los suyos, y no dejamos de besarnos hasta que el taxi paró para dejarme en mi casa. Y casi me deja afuera de mi casa, porque no recordaba que le había dado mis llaves y billetera a ella, y se las estaba llevando. Tuve que correr detrás del carro para que parara y me las diera.

Esto fue en parte reconstruido por una amiga, nosotras nos subimos al taxi para escapar un poco de ellas, pero el taxi se dio la vuelta y paró justo donde ellas habían cruzado para tomar su carro, y vieron como ella me besaba. Nosotras por mucho tiempo pensamos que nadie nos había visto.

Así empieza la historia

Ya la había visto por primera vez en un taller que hice para el colectivo, ella llegó de curiosa y se quedó y empezó a participar en espacio, pero aparte de ser una miembro más del grupo, no me había interesado mucho por dos razones de peso que en algún momento explicaré.

Creo que me parecía graciosa y su risa me parecía linda, yo hacía algunas bromas con una amiga sobre ella, sobre si iba a ir a la reunión o no, pero nada serio, recién le presté atención cuando fuimos a una discoteca con todas las chicas, de pronto empezó a gustarme y quería bailar con ella, nos tocamos varias veces para conversar, ella me abrazaba y yo rodeaba su cintura, pero no me atrevía a decirle, así que toda la noche estuvimos bailando en grupo. Al final me fui con otra chica y ella a su casa.

La siguiente la vi en algunas reuniones y después otra fiesta. Ahí la encontré por casualidad, había ido a buscar a unas amigas que estaban en una disco a la que nunca voy, y ahí estaban ellas. Mis amigas se fueron y me quedé en el grupo. Ella me hablaba al oído para poder escucharnos, pero su mejilla siempre rozaba la mía, y pasábamos mucho rato hablando así, mejilla contra mejilla, hasta que las demás empezaban a molestarnos. Luego nos alejábamos, pero venía de vez en cuando a comentarme algo o a bailar conmigo. En una de esas se puso delante de mí y yo la tuve de la cintura un buen rato, el espacio era pequeño y era eso o ponerla fuera de mí. Pero ella normal que la tomara de la cintura. Esa vez también nos fuimos separadas, pero el recuerdo de su mejilla caliente al lado de mi rostro y de ese acercamiento perduraba.

El día del beso habíamos quedado en encontrarnos todas temprano, pero yo tenía que hacer una clase en la universidad así que llegué tarde, cuando las encuentro ellas estaban en otra reunión, las esperé un poco, pero me aburrí y me fui. Luego me llega su mensaje preguntándome en dónde estoy. “Caminando”, le respondo. “No te vayas, ya terminamos”, me dice. Y les doy el alcance en el camino. Fuimos a comer, se sentó a mi lado, pero se puso un poco lejos. Pensé que tal vez había reflexionado y no quería darme alas. Pensé que normal, muchas expectativas tampoco tenía.

Ya en la fiesta, ella nuevamente venía a mi lado a hablarme o a ponerse a mi lado, varias veces me abrazó y yo también la abracé, ella de mi hombro, yo de su cintura, así bailábamos y saltábamos, mientras nuestras amigas nos molestaban continuamente, nos empujaban o pegaban nuestros rostros para que nos besáramos, pero no lo hicimos.

Luego fuimos a otra discoteca, ahí nos distanciamos un poco hasta que unas amigas se pelearon con un machista y tuvimos que irnos. Las que quedamos nos fuimos a otra discoteca y estuvimos ahí dos horas más. En esa disco por fin pudimos bailar juntas. Luego el taxi, el beso deseado y el adiós.

Mi amiga me dice que no me ilusione, que guerra avisada no mata gente. Pero yo me ilusiono del amor e invento mil historias alrededor de eso. Luego se me pasa, es verdad, pero esas sensaciones siempre las valoro, son pocas las veces en que me vuelvo a ilusionar con alguien, y hay que aprovecharlas. Pero sobre todo, hay que tener paciencia y buen humor.