Nuevas manos

Nuevos ojos, nueva piel… La herida va cerrándose, el vacío va llenándose, vuelvo poco a poco a ser como antes de conocerla, como antes de que ella decidiera poner en riesgo todo para estar a mi lado, por lo menos por cinco meses de locura, su locura, su crisis de los 30, como me dijo una vez. Esa crisis que la hizo enamorarse de su profesora de feminismo.

Desde ahora los diciembres quedarán marcados para mí como meses de reconvención familiar y vuelta al camino de la moralidad, por mí y por ella, porque ella decidió vivir sin engaños ni mentiras con sus familiares más cercanos, y porque no quiero borrar su recuerdo tan rápido.

Intento no juzgarla y entender su decisión, pero no quiero entender el silencio, el adiós sin explicaciones, la distancia. No quiero entenderlo porque creo que me merezco aunque sea una despedida, un “lo hice por esto”, una razón que me calme ese dolorcillo del corazón que a veces tienta por regresar. Mis hipótesis ayudan, pero sus palabras me sanarían. Sé que ella fue vulnerable todos estos meses y que a pesar de su decisión me quiere. Esa seguridad también me ayudó.

Y bueno, tengo que decirlo, también me ayudó otra circunstancia afortunada. Luego de que ella me abandonara el sábado para “siempre”, y yo estuviera intentando matar las penas con alcohol de domingo a jueves, y nadie me ayudara en el intento, K me escribe el viernes a la 1 de la mañana para saber si estaba por el Centro. No estaba, pero vivo cerca, así que le dije que podía estar ahí si quería. Y así empezó todo.

Procesos

Nuestra relación ha durado de julio a noviembre. Cinco meses. Nos veíamos una o dos veces a la semana. Siempre a escondidas, a pesar de que todas ya sospechaban que algo pasaba entre nosotras. Siempre a escondidas porque ella no puede hacerlo públicamente. Las primeras veces me molestaba un poco esa situación, pero luego comprendí que ella no puede arriesgar tan fácilmente su vida, y mucho menos yo exponerla a eso. Y me armé de paciencia y comprensión.

También me negué a cualquier forma de expresión verbal de amor. Nada de te quiero ni de te extraño. Para no arruinarnos. Ninguna de las dos cayó en eso, excepto una vez que yo viajé a Cusco y ella estaba medio ebria. Me dijo que estaba en el bus escuchando cumbia y me escribió: “te extraño”. Y yo caí, le dije que también la extrañaba, se río y me preguntó si también estaba escuchando cumbia, le dije que no, que música sad, y le pasé un par de videos y le comenté que uno me recordaba a ella. Medio que se burló de eso, ahí paramos y yo sentí una sensación de haberme ido de boca. Y me propuse no repetirlo.

Pero fue bello todo el tiempo que duró, ella siempre fue dulce y paciente conmigo. Siempre dispuesta a escuchar, a reírse de mis bromas, a compartir sus historias conmigo, a entregarse totalmente las tres horas semanales que podíamos vernos. Por primera vez en la vida supe lo que realmente es comerse a besos, la ansiedad por dejar en la memoria su cuerpo, su calor, su olor, sus miradas, su piel y preservarla hasta la siguiente vez que nos veamos. Fue hermoso y fue fugaz.

La última vez que nos vimos fue el último día de noviembre, el 30. Llegó a mi casa cansada luego de una reunión pesada del grupo a la que yo no fui, pero fue como siempre, nos comimos a besos, sentía sus suspiros cada vez que nos separábamos, hicimos el amor y conversamos un rato. Luego ya no fue como siempre, de pronto se quedó en silencio un rato, serían unos 5 minutos, se levantó intempestivamente y empezó a ponerse su ropa. Le pregunté ¿ya te vas? Sí, me dijo. Generalmente ella me decía que ya se iba antes de levantarse y nos besábamos por última vez. Esta vez estaba apurada y parecía incómoda, me dijo que le dolía la cabeza. Luego de ese día no hemos vuelto a conversar. Creo que es comprensible, es diciembre, tiene que atender su casa, sus cosas, sus hijxs. Diciembre no es un mes para el amor furtivo. Y tal vez ya tenía que acabar nuestra aventura. Solo queda decir ¡alas y buen viento!

Este es un poema que escribí de esos momentos, solo he escrito dos poemas para chicas. Las dos fueron de esos amores imposibles y fugaces.

Las amantes son silenciosas

Las amantes son silenciosas

Cruzan miradas alejadas de la tecnología

No se buscan, saben cómo encontrarse

No ansían lo que no se les da

No sueñan lo que no es posible

No aman innecesariamente

No sufren más de la cuenta

Comen algo en el mismo lugar de siempre

Calculan el tiempo que les queda

En el cuarto se desnudan y se tapan

Y en la oscuridad son otras

Juegan al amor imposible

A la noche eterna

Al redoble de tambores

A las mariposas furiosas en la boca del estómago

Ríen todo lo que no han podido reír en la semana

Gimen, sudan, muerden, succionan

Rozan, frotan, bailan, giran

Se hunden, se nadan, se lloran

Se abrazan llenas de ternura

Suspiran escuchando sus últimas palabras

Promesas que no se cumplirán

Anhelos fuera de la realidad

Se ponen sus ropas

Abren la puerta

Una sale a la calle

Pide su taxi

Se despide y espera llegar bien a casa

La cena de realidad ya debe estar servida