Si tú me dices ven…

Lo dejo todo, pero dilo.

Llevamos un mes saliendo, desde que C desistiera de seguir conmigo y decidiera lo que ya sabíamos que pasaría, aunque aún me hacía ilusiones, unas poquitas, de seguir por un buen tiempo, llegó el final, decidido por ella, sin explicaciones.

Luego la volví a ver, quedamos en ir al cine, cenamos y bebimos algo antes porque la función empezaba un poco tarde. En el transcurso no tocamos el tema, volvíamos a vernos después de casi un mes, y no nos explicamos nada, actuamos como siempre, como amigas.

Mientras veíamos la función, estábamos juntas, ella se recostaba sobre mí con su cuerpo, y luego puso su cabeza sobre mi hombro, pero yo no sentía ninguna alegría, lo que me embargaba era la melancolía y el recuerdo de K, de sentir de alguna forma que le estaba fallando a pesar de aún no tener nada oficial las dos. Es que no se trata de oficialidad sino de honestidad, y sentía que no lo estaba siendo.

Luego de ver la película nos despedimos, los días siguientes conversamos un poco más, pero nada relevante, nada como antes. Además, mi mente ya estaba con K, con su ternura, con su dulzura, con su devoción. Es demasiado bueno para ser cierto. Es linda por dentro y por fuera. Hasta a mi hija le cayó bien en solo segundos de verla.

Se fue de viaje por dos semanas, pero regresó el 31 para pasar juntas el Año Nuevo. Nos fuimos a la playa, nos emborrachamos y nos insolamos juntas. Desde ese día casi no ha pasado una noche en donde no durmamos juntas. Hace mucho tiempo que no sentía esa comodidad al lado de otro cuerpo, yo no acostumbro a dormir abrazada, me sofoco, me canso, con ella hemos dormido abrazadas e incluso besándonos, muertas de deseo y de cansancio.

No sé a quién agradecer tanta suerte, no creo en dioses.

Nuevas manos

Nuevos ojos, nueva piel… La herida va cerrándose, el vacío va llenándose, vuelvo poco a poco a ser como antes de conocerla, como antes de que ella decidiera poner en riesgo todo para estar a mi lado, por lo menos por cinco meses de locura, su locura, su crisis de los 30, como me dijo una vez. Esa crisis que la hizo enamorarse de su profesora de feminismo.

Desde ahora los diciembres quedarán marcados para mí como meses de reconvención familiar y vuelta al camino de la moralidad, por mí y por ella, porque ella decidió vivir sin engaños ni mentiras con sus familiares más cercanos, y porque no quiero borrar su recuerdo tan rápido.

Intento no juzgarla y entender su decisión, pero no quiero entender el silencio, el adiós sin explicaciones, la distancia. No quiero entenderlo porque creo que me merezco aunque sea una despedida, un “lo hice por esto”, una razón que me calme ese dolorcillo del corazón que a veces tienta por regresar. Mis hipótesis ayudan, pero sus palabras me sanarían. Sé que ella fue vulnerable todos estos meses y que a pesar de su decisión me quiere. Esa seguridad también me ayudó.

Y bueno, tengo que decirlo, también me ayudó otra circunstancia afortunada. Luego de que ella me abandonara el sábado para “siempre”, y yo estuviera intentando matar las penas con alcohol de domingo a jueves, y nadie me ayudara en el intento, K me escribe el viernes a la 1 de la mañana para saber si estaba por el Centro. No estaba, pero vivo cerca, así que le dije que podía estar ahí si quería. Y así empezó todo.

Procesos

Nuestra relación ha durado de julio a noviembre. Cinco meses. Nos veíamos una o dos veces a la semana. Siempre a escondidas, a pesar de que todas ya sospechaban que algo pasaba entre nosotras. Siempre a escondidas porque ella no puede hacerlo públicamente. Las primeras veces me molestaba un poco esa situación, pero luego comprendí que ella no puede arriesgar tan fácilmente su vida, y mucho menos yo exponerla a eso. Y me armé de paciencia y comprensión.

También me negué a cualquier forma de expresión verbal de amor. Nada de te quiero ni de te extraño. Para no arruinarnos. Ninguna de las dos cayó en eso, excepto una vez que yo viajé a Cusco y ella estaba medio ebria. Me dijo que estaba en el bus escuchando cumbia y me escribió: “te extraño”. Y yo caí, le dije que también la extrañaba, se río y me preguntó si también estaba escuchando cumbia, le dije que no, que música sad, y le pasé un par de videos y le comenté que uno me recordaba a ella. Medio que se burló de eso, ahí paramos y yo sentí una sensación de haberme ido de boca. Y me propuse no repetirlo.

Pero fue bello todo el tiempo que duró, ella siempre fue dulce y paciente conmigo. Siempre dispuesta a escuchar, a reírse de mis bromas, a compartir sus historias conmigo, a entregarse totalmente las tres horas semanales que podíamos vernos. Por primera vez en la vida supe lo que realmente es comerse a besos, la ansiedad por dejar en la memoria su cuerpo, su calor, su olor, sus miradas, su piel y preservarla hasta la siguiente vez que nos veamos. Fue hermoso y fue fugaz.

La última vez que nos vimos fue el último día de noviembre, el 30. Llegó a mi casa cansada luego de una reunión pesada del grupo a la que yo no fui, pero fue como siempre, nos comimos a besos, sentía sus suspiros cada vez que nos separábamos, hicimos el amor y conversamos un rato. Luego ya no fue como siempre, de pronto se quedó en silencio un rato, serían unos 5 minutos, se levantó intempestivamente y empezó a ponerse su ropa. Le pregunté ¿ya te vas? Sí, me dijo. Generalmente ella me decía que ya se iba antes de levantarse y nos besábamos por última vez. Esta vez estaba apurada y parecía incómoda, me dijo que le dolía la cabeza. Luego de ese día no hemos vuelto a conversar. Creo que es comprensible, es diciembre, tiene que atender su casa, sus cosas, sus hijxs. Diciembre no es un mes para el amor furtivo. Y tal vez ya tenía que acabar nuestra aventura. Solo queda decir ¡alas y buen viento!

Este es un poema que escribí de esos momentos, solo he escrito dos poemas para chicas. Las dos fueron de esos amores imposibles y fugaces.

Las amantes son silenciosas

Las amantes son silenciosas

Cruzan miradas alejadas de la tecnología

No se buscan, saben cómo encontrarse

No ansían lo que no se les da

No sueñan lo que no es posible

No aman innecesariamente

No sufren más de la cuenta

Comen algo en el mismo lugar de siempre

Calculan el tiempo que les queda

En el cuarto se desnudan y se tapan

Y en la oscuridad son otras

Juegan al amor imposible

A la noche eterna

Al redoble de tambores

A las mariposas furiosas en la boca del estómago

Ríen todo lo que no han podido reír en la semana

Gimen, sudan, muerden, succionan

Rozan, frotan, bailan, giran

Se hunden, se nadan, se lloran

Se abrazan llenas de ternura

Suspiran escuchando sus últimas palabras

Promesas que no se cumplirán

Anhelos fuera de la realidad

Se ponen sus ropas

Abren la puerta

Una sale a la calle

Pide su taxi

Se despide y espera llegar bien a casa

La cena de realidad ya debe estar servida

No-heterosexual

– ¿Ahora sí me vas a besar?

– ¿Por qué no me besas tú?

– Pensé que no querías

– Claro que quiero

Se acercó a mi rostro, acerqué mis labios, ella abrió los suyos, y no dejamos de besarnos hasta que el taxi paró para dejarme en mi casa. Y casi me deja afuera de mi casa, porque no recordaba que le había dado mis llaves y billetera a ella, y se las estaba llevando. Tuve que correr detrás del carro para que parara y me las diera.

Esto fue en parte reconstruido por una amiga, nosotras nos subimos al taxi para escapar un poco de ellas, pero el taxi se dio la vuelta y paró justo donde ellas habían cruzado para tomar su carro, y vieron como ella me besaba. Nosotras por mucho tiempo pensamos que nadie nos había visto.

Así empieza la historia

Ya la había visto por primera vez en un taller que hice para el colectivo, ella llegó de curiosa y se quedó y empezó a participar en espacio, pero aparte de ser una miembro más del grupo, no me había interesado mucho por dos razones de peso que en algún momento explicaré.

Creo que me parecía graciosa y su risa me parecía linda, yo hacía algunas bromas con una amiga sobre ella, sobre si iba a ir a la reunión o no, pero nada serio, recién le presté atención cuando fuimos a una discoteca con todas las chicas, de pronto empezó a gustarme y quería bailar con ella, nos tocamos varias veces para conversar, ella me abrazaba y yo rodeaba su cintura, pero no me atrevía a decirle, así que toda la noche estuvimos bailando en grupo. Al final me fui con otra chica y ella a su casa.

La siguiente la vi en algunas reuniones y después otra fiesta. Ahí la encontré por casualidad, había ido a buscar a unas amigas que estaban en una disco a la que nunca voy, y ahí estaban ellas. Mis amigas se fueron y me quedé en el grupo. Ella me hablaba al oído para poder escucharnos, pero su mejilla siempre rozaba la mía, y pasábamos mucho rato hablando así, mejilla contra mejilla, hasta que las demás empezaban a molestarnos. Luego nos alejábamos, pero venía de vez en cuando a comentarme algo o a bailar conmigo. En una de esas se puso delante de mí y yo la tuve de la cintura un buen rato, el espacio era pequeño y era eso o ponerla fuera de mí. Pero ella normal que la tomara de la cintura. Esa vez también nos fuimos separadas, pero el recuerdo de su mejilla caliente al lado de mi rostro y de ese acercamiento perduraba.

El día del beso habíamos quedado en encontrarnos todas temprano, pero yo tenía que hacer una clase en la universidad así que llegué tarde, cuando las encuentro ellas estaban en otra reunión, las esperé un poco, pero me aburrí y me fui. Luego me llega su mensaje preguntándome en dónde estoy. “Caminando”, le respondo. “No te vayas, ya terminamos”, me dice. Y les doy el alcance en el camino. Fuimos a comer, se sentó a mi lado, pero se puso un poco lejos. Pensé que tal vez había reflexionado y no quería darme alas. Pensé que normal, muchas expectativas tampoco tenía.

Ya en la fiesta, ella nuevamente venía a mi lado a hablarme o a ponerse a mi lado, varias veces me abrazó y yo también la abracé, ella de mi hombro, yo de su cintura, así bailábamos y saltábamos, mientras nuestras amigas nos molestaban continuamente, nos empujaban o pegaban nuestros rostros para que nos besáramos, pero no lo hicimos.

Luego fuimos a otra discoteca, ahí nos distanciamos un poco hasta que unas amigas se pelearon con un machista y tuvimos que irnos. Las que quedamos nos fuimos a otra discoteca y estuvimos ahí dos horas más. En esa disco por fin pudimos bailar juntas. Luego el taxi, el beso deseado y el adiós.

Mi amiga me dice que no me ilusione, que guerra avisada no mata gente. Pero yo me ilusiono del amor e invento mil historias alrededor de eso. Luego se me pasa, es verdad, pero esas sensaciones siempre las valoro, son pocas las veces en que me vuelvo a ilusionar con alguien, y hay que aprovecharlas. Pero sobre todo, hay que tener paciencia y buen humor.

 

 

Boy

Tengo cinco trabajos acumulados este mes, febrero ha sido un mes lleno de cosas, y no he tenido tiempo para ilusionarme más de la chica que me gusta, creo que ahora sale con un chico, lo sospecho, aunque no le he preguntado nada porque no tengo por qué preguntarle, es su vida. Me imagino mi historia como la película “nos habíamos amado tanto”, pero así me lo he imaginado con todas, qué horrible, algún día debo enamorarme “de verdad”, de esos enamoramientos locos locos, o mejor no, si no es correspondido mejor no, qué horrible debe ser vivir algo así. También se puede vivir sin amor. Supongo. Pero debe ser muy feo. Ahora un poema, como cuando es verano, hace demasiado calor y no puedo dormir.

Sentir su cuerpo, el cuerpo reflejado en el espejo de mi alma, lo suficientemente tibio para sentir que me pierdo ahí, en el filo de su piel, sin necesidad de tocarla, pero muriendo por hacerlo, sentir su cuerpo cerca, a través de las ventanas, por debajo de las puertas, en el correo que le mando a medianoche, sentirlo como cuando reviso sus fotos esperando algo nuevo, una señal, su felicidad, que de pronto se convierte en mi felicidad sin que a ella le importe, sin que a mí me importe que le importe o no, solo sentirla esperando nuevamente que el tiempo me acerque a su boca para escucharla decir a mi oído “te quiero”. Volverá.

Peluche

Algunas veces me gusta mi vocación de peluche. Ayer la volví a ver luego de 24 días. Como vive en el cuarto piso no sé si me agito porque voy a verla o porque tengo que subir todas esas escaleras. Antes era peor, ahora mi corazón está más tranquilo. La vi y fue lindo, estuvimos tomando con algunas amigas, y me quedé a dormir, literal, a dormir, al día siguiente me fui temprano porque una amiga iba a llegar de Piura en la mañana. Pero no llegó, me había confundido y era en la noche. Al final le retrasaron el vuelo y salió a la mañana siguiente. Fue raro, le dije para quedarme a dormir a pesar de que realmente no quería quedarme, me preguntó si quería dormir con ella, y le dije que normal podía dormir en el sofá o en el cuarto de su amigo, es más, entré al cuarto de su amigo para quedarme ahí, pero me dijo que vaya a su cuarto. Así que me eché en su cama pero fue medio incómodo, intentamos hablar un ratito y luego dormir, no sé si dormí o dormí pésimo y solo esperaba que sean las 7 para irme. Luego la volví a ver dos días después y todo ok. Qué cosa más rara. Esta es la bitácora de lo inconcluso, pero si no escribo sobre ella la verdad no sé sobre qué escribir.

10-01-2019

No sé nada de ella. No teníamos una relación no convencional. Ahora podemos ser amigas. En el transcurso del tiempo en que no nos vemos salí con dos chicas. Sin comentarios. Me gusta la tranquilidad de estos días, eso de no pensar en nadie. Ilusiones vendrán después, de eso no tengo duda, pero vivir sin ilusiones es todo un regalo.