Exploradora lunar











{27 enero 2012}   Ella, O y la masturbación

Es miércoles. O me dice, luego de un encuentro casual, que lo nuestro no es amor, que de lo que tenemos no va a surgir una relación. Yo me río. Por lo menos me adelantó algo que yo no me atrevía a decir. Yo no busco amor en estos momentos, solo pasarla bien. Le dije que estaba de acuerdo que no había problema, que estábamos en la misma línea.

Me abraza y me dice que me quiere mucho. Que se siente mal por todos los años (que solo fueron dos) que no nos vimos, que no quisimos vernos. Y de haberle dado tanta importancia a cosas que no valían la pena. Yo le digo que no importa, que esos dos años estuve muy ocupada y que en esos momentos lo que menos me hubiera importado era su amistad. Veo como se estremece y una pesada lágrima cruza su rostro. Lo oculta rápidamente pero igual logro verla.

Le digo que lo siento, que quizás fui muy brusca para explicarle que todo el tiempo que no nos vimos fui tan feliz y tan triste que no pensé en ella. Y que qué bueno que llegara ahora que ya no pienso en nadie (no tanto, ya no tanto, o ya no de la misma forma). Que el tiempo que estuvimos lejos fue lo mejor que nos pasó para poder recuperar la amistad.

Me dice que es verdad, que quizás está muy sensible, que no le haga caso. La beso en el cuello, luego su espalda. Ella vuelve a excitarse. Me jala a la cama, me pone boca abajo y jugamos un rato. Cuando terminamos me pide que le cuente lo que pasó con K. Le digo que preferiría no hablar de eso, contar toda esa triste historia es como revivirla, le digo que lea mi blog, que ahí está todo. Por suerte no insiste. Sabe que aún estoy luchando por dejar de pensar en K, por dejar de quererla, porque no importe su vida.

Luego le digo que tengo un par de reuniones, me pide que regrese en la noche. Ok le digo y me voy. Termino mis labores activistas y me llama L. Me pregunta en donde estoy. Le digo donde siempre. Me dice que la espere que ya está yendo. Le digo que ok, así que me entretengo un rato en el face.

Cuando llega me abraza y me da un beso en los labios. Pasa a la oficina y conversamos de todo un poco, sobre todo del beso de tres que nos dimos el último viernes con O. Me dijo que era algo que siempre había querido hacer. No sé si se refiere al beso de 3, a besarme a mí o a besar a O, a las tres cosas, o solo a dos. No le pregunto más.

Nos morimos de hambre, son cerca de las 10 de la noche, así que abrimos la lata de duraznos que teníamos bien escondida en un cajón. Comemos y seguimos conversando. De pronto no sé cómo la conversación recae en el tema del orgasmo. R me dice que ella no ha tenido un orgasmo por más que lo ha intentado masturbándose (ya que ella nunca se ha acostado con ninguna chica). Le digo que quizás tenga que buscar otra técnica de masturbación y le describo algunas muy someramente.

R me dice que lo ha intentado todo. Se abre de piernas, mete la mano en su ropa interior y comienza a masturbarse frente a mí. Veo sus ojos grandes, sus senos pequeños, su mano que sube y baja rápidamente. Me mira con sus ojos acuosos, sus labios entreabiertos. Yo la miro y esquivo lo que estoy viendo. Trato de resistir, me digo no carajo es mi amiga, todo se va a joder. Mientras mi otra mitad me dice que me lance sobre ella, que la ayude a masturbarse, que la bese, la lama, la frote.

Pero sigo sentada. Ves, me dice ella, puedo estar así por horas y me canso y nada de nada. Pucha, le digo, ya es tarde. O me está esperando. Eres una idiota, me dice riendo y salimos a la calle.

En el camino me cuenta con quién agarró hace unos días, que se siente sola, que necesita entretenerse. Yo le digo que estoy igual, que me siento sola, que necesito entretenerme con alguien. La conversación sigue por el mismo rumbo, aunque ahora la siento más vulnerable, menos bromista y más sensible, como si esperara algo que sabe que no va a llegar, que es completamente imposible que llegue.

Llegamos al paradero, le digo para ir a bailar el viernes, me dice que ya, le digo que O debe estar molesta porque la hago esperar demasiado. Ok vete, me dice. Mi beso, le digo. Se acerca y me da un dulce beso en los labios.. Es la primera vez que la dejo sola en el paradero. Me voy y no puedo evitar recordar ese beso toda la noche.

Luego voy donde O, salimos a cenar, tomamos un par de cervezas y continuamos con nuestros juegos hasta quedarnos exhaustas.



{26 enero 2012}   O

O siempre ha sido una chica muy dulce. Quizás eso es lo que me atraía de ella hace muchos años. Su capacidad para el cuidado, su innata predisposición para adivinar cuáles eran mis necesidades y resolverlas rápidamente. Quizás eso es lo que más extrañaba de ella.

O, como casi todas mis novias anteriores, estaba aún enamorada de su ex. Me había pasado antes con H quien vivía guardándole un rencor, y por eso supongo que un amor, terrible a su ex, y luego cuando tuvo ese breve romance conmigo en el transcurso se enamoró perdidamente de otra (que era más “pendeivis” que yo, eso lo puedo asegurar, pero el amor es ciego), y me botó (la historia de mi vida). Así que yo fui una especie de puente entre su antiguo amor y su nuevo amor. Supongo que habré estado mal unos tres o cuatro meses, y luego llegó B, en medio de mi tristeza por H, y justo me la presentó una muy amiga de H, con quien yo también me hice muy amiga, a quien llamaré Cupido (porque no recuerdo si fue ella la que me presentó a H o si fue al revés).

Cupido me presentó a B en el Twin, y B no me gustó mucho, además yo pensaba en H y estaba apenada y quería estar sola, pero B trataba de escapar de una chica que la estaba persiguiendo así que se quedó conmigo. Nos emborrachamos, agarramos y luego nos fuimos juntas a mi casa. Era la primera vez que hacía algo así con alguien completamente desconocida y me pareció divertido, aunque fue medio extraño porque mi hermana estaba en el cuarto de al lado y mi hermano en el cuarto de arriba y podían escuchar todo lo que hacíamos. No nos volvimos a ver pero ella me bombardeaba con mensajes de texto y eso me cautivó. Fuimos amantes primero, luego pareja, luego nos dejamos. Ella me dejó, nunca me dijo por qué hasta después de mucho tiempo cuando me invitó a almorzar en uno de sus viajes a Lima, y me dijo que había vuelto con su ex y que estaba enamorada de ella cuando estuvo conmigo. No me pareció necesaria la información pero bueno. Qué chévere que me lo contara ¿no?

Cuando yo estaba triste por lo de B apareció S con quién intenté por un tiempo olvidar a B pero no funcionó, luego apareció O, y me distrajo muy bien, me sacó de la cabeza a B por fin y nos divertimos mucho. Pero O tenía un pasado del cual no quería hablarme y que volvía cada cierto tiempo y no nos dejaba ser felices, o por lo menos estar tranquilas. Yo lo aceptaba con tal de que O siguiera conmigo y me diera ese poquito de felicidad a la que ya me había acostumbrado, el problema es que O nunca se acostumbró a eso, prefirió ser sincera, volver a intentarlo con su ex y terminamos.

Mientras estaba triste por el fin de mi relación con O llegó K y todo nos fue genial (eso es mentira pero quiero recordarlo así) hasta que ella se enamoró de otra y tuve que alejarme de su vida, porque ella quería que siguiéramos las tres y yo llegué a cansarme emocionalmente de eso, aunque luego de un descanso sí creo que es posible una relación de 3, o de 4, o de 5. Una comunidad de amor. Pero todo lo que pasó con K está terriblemente detallado en todos estos meses anteriores desde julio así que mejor no lo repito.
En conclusión, o todas mis novias estaban enamoradas de otras, o se enamoraban en el transcurso de mi relación con ellas o yo no me enamoraba nunca de ellas (qué triste mi vida). De lo cual deduzco que no es que tenga mala suerte en el amor sino que todas mis elecciones han sido muy precarias.

Ahora O regresa, casi sin complicaciones, no creo que tan libre de amores pasados, pero con ganas de disfrutar de la vida, de hacer las cosas un poco mejor, y como yo aún estoy triste por lo de K otra vez me envuelvo en brazos de O. Y O me recibe tan cómoda, como si nada hubiera pasado entre las dos. Como si no nos hubiéramos lanzado palabras hirientes, insultos, reclamos lacerantes, como si no hubiéramos llorado con rabia nuestro fracaso, como si no nos hubiéramos lastimado una y otra vez mutuamente. Como si no hubiera pasado nada. Como si ya hubiera pasado todo. Y me sorprende cómo el tiempo puede curar las heridas y hacer que el rencor y el odio sean parte del pasado. Me sorprende también mi capacidad para decirle te quiero, ya que ella me dice te quiero, sin sentirlo, sin realmente sentirlo, como si le dijera hola como estás, me refiero a sin pasión, sin sentimientos encontrados, sin problemas. Una frase hecha. Una frase más que no lastima ni ilusiona. Me sorprende también cómo puedo dormir en su pecho tan cómodamente cuando nos reencontramos, que son pocas veces pero esas pocas son muy bien aprovechadas. Me sorprende mi capacidad para poder querer a alguien tan relajadamente, sin compromisos, sin pensar en nada, sin futuro.

Me pregunto si he cambiado mucho, si algún día tendré la capacidad de volver a amar como amé alguna vez. Si eso es posible, si existe alguna esperanza de que eso vuelva a pasar en mí. Yo imagino que sí, en el fondo sí mantengo una pequeña flamita de esperanza, muy al fondo, muy bien escondidita, una flamita que quiere apagarse de vez en cuando pero que sobrevive como sobreviven algunos sueños y algunas ilusiones, con las fuerzas que le da el seguir dando un paso más cada amanecer.



{25 enero 2012}   intenso fin de semana

Jueves, viernes, sábado y domingo que no puedo contar. Lo siento. Algún día, en el futuro, lo haré, pero lo escribo para recordar que tengo que hacerlo pronto.



{25 enero 2012}   Poliamor

El viernes pasado fui un rato a la disco luego de que nos estafaran con el concierto de Los Mirlos en el CCEspaña. No estuvieron ellos, como todo el mundo esperaba, sino una grabación de un concierto antiguo con un sonido pésimo.

Estuvimos hasta el final del “concierto” con varios amigos. Ellos querían ir a un sitio llamado Warmi algo, yo quería ir a cualquier sitio cercano a donde estábamos. Al final nuestros amigos se fueron y solo se quedaron las chicas, todas lesbianas, así que nos fuimos a las 13, era eso o irnos hasta Miraflores, además, a pesar de todo lo que digan. A mí me gusta la 13, es el único espacio clasemediero abierto todos los días, barato y cercano para la mayoría de chicas, es grande, las últimas veces que he ido ya no se llena tanto como antes, y es uno de los pocos espacios lésbicos en donde va mucha gente joven de barrios populares, quizás por eso me siento cómoda ahí. Pero sobre todo, es oscuro, y eso me fascina.

Continuando. Estábamos ahí las 4, P, T, R y yo. Luego vinieron dos chicas más que eran pareja.-, luego llegó O. Después de un rato se fue la pareja. Y quedamos las 5. Luego P y T se fueron. Y quedamos R, O y yo.

Como R y O tiene apariencia femenina (a pesar de que son más machos que yo) pronto empezaron a rodearnos varios grupitos de chicas. Una de ellas saca a bailar a R, y en el transcurso del baile empiezan a tomarles foto. Termina el baile y sacan a O. y pasa lo mismo, empiezan las fotos. La diferencia es que a O no le molesta pero a R sí.

Le preguntan a O si alguna de nosotras es pareja y ella les dice que las tres estamos juntas, que somos una “pareja” de tres, o sea, que somos poliamorosas. Las chicas no le creen así que cuando termina el baile O viene, nos cuenta y nos dice que nos demos piquitos entre las tres y nos da piquitos a R y a mí. Luego nos volvemos a dar piquitos.

R dice que eso no es suficiente así que propone besos de a tres. Así que las tres nos juntamos y comenzamos a besarnos frente a todo el mundo. Nos detenemos un rato para matarnos de risa y luego volvemos a besarnos las tres.

Supongo que después de eso nadie dudaría de nuestro ideario poliamoroso. Luego R se fue y me quedé con O tomando un poco más, besándonos y luego nos fuimos a su casa a dormir. Me encanta O cuando se comporta tan amablemente, no nos veíamos hace un buen tiempo, pero cuando nos volvemos a ver nos invade una furia sexual digna de mejores causas. Así que le dije adiós a mi abstinencia.



{22 enero 2012}   imágenes mentales

Regresar con una ex deber ser difícil (no digo que haya regresado con mi ex, no creo que eso suceda, aunque todo es posible, solo me pongo a analizar en todo lo que se negocia en una situación así). Y depende mucho de los términos en los que se dio fin a la relación.

Por ejemplo, si yo volviera con mi ex (la verdad este post es solo para rellenar el hecho de que no tengo nada que contar jojo) me resultaría muy difícil confiar en ella. Y yo creo que a ella le resultaría muy difícil confiar en mí. Aunque creo que lo intentaríamos. Y esta ligera esperanza es la que ha salvado muchas relaciones de pareja en las que la confianza ha sido mellada por una o por las dos partes. Y creo que también es gracias a esto que los terapeutas de pareja tienen mucho dinero.

Bueno, siguiendo con mi fantasía, no la veo hace como tres semanas (22 días) aunque sí la he visto un par de veces desde lejos y otro par de veces por fotos. Y es raro pero cuando la he visto de lejos no he sentido nada, ni ganas de cruzarme con ella ni de hablarle ni siquiera de saludarla. Pero cuando he visto sus fotos si he sentido como si algo me golpeara en el pecho. Y luego del golpe un dolor profundo.

Supongo que esto se debe a que yo he separado dos tiempos de mi relación pasada. El tiempo bueno y el tiempo malo. El tiempo bueno está asociado a imágenes y recuerdos, que es lo único que queda del pasado, recuerdos de devoción, de cuidado, de satisfacción, de amor. El tiempo malo está asociado a su presencia, a su vida misma, a su forma de caminar o de mirar, a su olor a su aliento, a su risa, a su llanto. Por eso trato de estar lo más lejos posible de su presencia, pero no puedo evitar torturarme muy de vez en cuando con su imagen, o con la imagen de un pasado que fue bueno y que no volverá.

Sé que está mal pero así es como los seres humanos trabajan sus procesos de olvido y de reconstrucción de sus vidas: cayendo y volviendo a levantarse. Y claro, imaginando mucho. Por ejemplo, yo imagino que me la encuentro un día y ella se vuelve loca de alegría, me dice que está arrepentida de lo que ha hecho, que me sigue amando y que ya terminó con su novia. También imagino que la atropella un carro. Este último es más recurrente.

Imagino situaciones y diálogos en los que ella siempre termina pidiendo perdón y yo no se lo doy y me voy, y ella se queda sola y llorando. Y a la vuelta de la esquina me está esperando la mujer que me levantó del suelo y me hizo volver a vivir. Típica novela mexicana. Y eso que nunca vi ni una de esas novelas completa, gracias a “Dios”. Otras veces solo imagino que nos encontramos en el pasadizo oscuro que da a su casa. Ella sale de su cuarto y yo estoy sentada en el muro. Ella se acerca, me toma de la mano, me levanta y nos abrazamos como si no nos hubiéramos visto por años. Luego nos besamos, entramos a su cuarto y dormimos juntas. Generalmente lo más sencillo es lo que más se acerca a la realidad.

Trato de imaginarme con otras mujeres pero aún no puedo. No logro visualizar un rostro ni un cuerpo. Y así es complicado imaginar algo. Y creo que así es mejor, me mantengo lejos de las “locas” con las que suelo cruzarme (aunque me gustan mucho las locas), me concentro en mis tareas pendientes y sigorelativamente tranquila y ligeramente contenta.



Suelo rodearme de personas que tienen serias carencias afectivas, supongo que será porque yo también tengo esas serias carencias, y aunque a veces parezca que lo opuesto se atrae, la mayoría de las veces sucede todo lo contrario, la gente que se nos acerca y con la que solemos entablar amistad tiene una serie de características que suelen ser muy parecidas a las nuestras, y siento que eso hace que se refuerce la amistad, aunque también la vuelve precaria y la coloca en el límite de la separación o el distanciamiento.

Cuando me pasó “todo lo malo” (así como en Millenium), hace aproximadamente seis meses, me sentí muy sola. En mi trabajo tenía exactamente 8 horas diarias 6 veces a la semana para pensar y repensar en lo que me había pasado, y analizar una y otra vez, y recordar una y otra vez, y llorar continuamente. Era un mar de lágrimas de lunes a sábado, y nadie nunca se dio cuenta. Muchas veces llegué al trabajo con los ojos reventados de tanto llorar en las noches y nada de nada. Supongo que nadie se dio cuenta porque yo lograba ocultar muy bien mi tristeza con mis típicas bromas y mis típicos resfríos.

Como decía, me sentía muy sola, a pesar de que una de mis mejores amigas se sentaba a mi lado y con ella conversaba a diario sobre lo que me pasaba. El problema con ella era que su carencia afectiva la imposibilitaba a solidarizarse conmigo, además, ella, en ese momento, vivía una situación completamente opuesta a la mía, estaba enamorándose y sentía lo que siente alguien que empieza a enamorarse: mucha felicidad. Y así es casi imposible ponerte en la piel del otro y solidarizarte con su dolor y su pena. Supongo que también influyó la advertencia que me hizo sobre sus pocas capacidades de empatía: “apenas siento que alguien quiere apoyarse emocionalmente en mí huyo”. Así que decidí no apoyarme emocionalmente en ella, porque si ya había huido el amor, no quería que huya la amistad.

Y así sobreviví 6 meses, entre idas y venidas de gente que te da consejos, pero que una siente que son completamente fríos y ajenos, gente que te dice: “yo te dije” o “ya sabía” (unas genias ellas) hasta gente que solo te mira con compasión, o que ni siquiera te mira porque le importas un pepino. Y lo único que yo sentía que necesitaba era a alguien que me dijera, mirándome a los ojos, que me estaba comportando como una idiota, que dejara de lastimarme de la forma en que me lastimaba, y que si necesitaba a alguien con quien llorar ella estaría dispuesta a escucharme, soportarme, abrazarme, esperar a que me tranquilice y me duerma, acompañarme, y luego agarrarme a cachetadas por estúpida.

En algún momento, sobre todo los primeros días, por mi mente pasaban algunas ideas para librarme del dolor, entre ellas, acostarme con la primera mujer que se me cruzara en el camino (lo que hice y me ayudó un poco, por lo cual estoy muy agradecida), pedirle a una amiga que me acompañe a un hostal con mucho pero mucho alcohol para emborracharme y llorar todo lo que pudiera con alguien que me cuide y me proteja de cualquier locura (mi amiga nunca tuvo tiempo), que un auto me atropelle (varios estuvieron cerca, pero el miedo al dolor, y a faltar a la chamba porque me descuentan un huevo de plata, pudo más), hacerme un tatuaje que me doliera mucho (me detuvo el hecho de que quiero donar sangre cuando alguien querido lo necesite), renunciar al trabajo y al MHOL e irme muy lejos y volver luego de mucho tiempo (la pobreza, por un lado, y el activismo, por el otro, pudieron más), soportar una relación de tres y convertirme en la amante (soporté unos meses pero en algún momento el dolor se hizo insoportable),  hacer mucho ejercicio (bajé de peso y ahora estoy más guapa), tomar pastillas para dormir porque el insomnio era espantoso (no lo hice no sé por qué, y teniendo las pastillas a la mano), cortarme y ver mi sangre correr (nica, miedo al dolor), leer todos los libros de autoayuda posibles (pude con unos cuantos), matricularme en el inglés desde básico 1 (es ridículo así que quizás lo haga, igual con el francés) y ya no me acuerdo qué más.

Recordar todo eso ahora me da un poco de risa, pero en esos tiempos eran cuestiones graves que me ocupaban el pensamiento. Hace poco tuve una reunión con las personas más cercanas a mí en el activismo y a quienes considero parte de mi familia. De las cuatro, tres estamos pasando por un proceso de rompimiento amoroso difícil en diversos niveles, yo siento que estoy ad portas de superarlo, me ha costado pero ahora me siento un poco más tranquila y menos desesperada. Sin necesidad de establecer ninguna relación afectiva con alguna lesbiana de momento. Con ganas de disfrutar de mi soledad (algo que me parecía prácticamente imposible hace algunas semanas). Con ganas de hacer otras cosas y esas eran las ganas que me hacían falta. Mi amiga T aún está en la mitad de su proceso, hace muy poco decidió empezarlo rompiendo lazos con la contraparte de la relación, distanciándose, generando una barrera emocional. Supongo que yo ayudé un poco acompañándola, haciéndole ver que estaba leyendo equivocadamente las señales, que no era como ella creía y que las cosas no volverán a ser como antes. Supongo, también, que tendrá recaídas como las tuve yo, y espero que sepa sobrellevarlas, levantarse de nuevo y otra vez decidir darse el espacio y el tiempo que necesita para curar sus heridas y volver a quererse a sí misma para así lograr querer a otra persona algún día. Mi amiga P está empezando el proceso, pero ella siempre ha sido más inteligente, o más dura, que nosotras en esas cuestiones, rompió radicalmente los lazos apenas se enteró del engaño, cerró su facebook y apagó su celular, está completamente consciente de que no vale la pena esa relación, y sufre, y mucho, porque se hizo muchas ilusiones, pero está decidida a que ese sufrimiento dure poco, y volver a retomar las riendas de su vida rápidamente. Quizás ayude el hecho de que su relación está a miles de kilómetros, es más fácil caer cuando sabes que la otra persona se encuentra cerquísima a ti, en mi caso a un par de cuadras del MHOL, en el caso de T en el piso de abajo (así que bien fregadas estábamos las dos).

Como decía, en esta reunión estuvimos las cuatro (P, T, M y yo) tratando de analizar el por qué no podemos ser un soporte emocional las unas para las otras. En mi caso, me resulta muy difícil hablar sobre mis sentimientos, porque mi crianza fue, en cierta forma, carente de afecto y mis padres nunca me enseñaron a decir te quiero (y es por eso que yo a mi hija le digo te quiero a diario, para que ella no tenga ninguna mutilación sentimental), porque me hace sentir muy vulnerable expresar mis sentimientos y abrirme hacia los demás, porque tengo fobia social y esto hace que me cierre a la posibilidad de establecer relaciones profundas con otras personas, porque soy muy llorona y sé que si empiezo no paro y no quiero que nadie vea en mí ese tipo de debilidad (aunque mi ex lo vio casi a diario, pero con ella era diferente), porque no quiero cargar a nadie con mis problemas (conozco a gente que solo se te acerca para hablar de sí misma y sus problemas todo el tiempo que está con una y eso me parece egoísta y aburrido) y trato de evitar hacerme la víctima, porque suelo hacer bromas de mi dolor y del dolor de las demás con el fin de quitarle lo dramático a una situación que es de por sí traumática, porque siento que a nadie le importa o debería importarle mi dolor. Suficiente con el blog para dar rienda suelta a mi egocentrismo.

Y todas estas razones también son las que me impiden ayudar a otras personas que están en mi situación. Lo que se convierte en un extraño círculo vicioso lleno de imposibilidades.

P está en una situación similar, su familia tampoco le dio el refuerzo emocional que se necesita y no encuentra apoyo en ellos (lo que se conjuga con el hecho de que somos lesbianas, y a la mayoría de gente heterosexual les resulta complicado entendernos, y creen que si nos enamoramos de un hombre encontraremos la felicidad), para sobrevivir a los traumas de amor se creó una capa de dureza que le permitió sobrevivir a desengaños terribles, y no suele hablar de su dolor porque no encuentra la forma o el cauce para hacerlo. Y eso es también lo que le impide ayudar a otras, la dureza que se creó para sí misma es la dureza que usa para no ser vulnerable al dolor de los demás. Me refiero al dolor individual, porque frente al dolor colectivo solemos ser profundamente comprometidas. Lo que genera en nosotras una especie de esquizofrenia emocional que no es difícil de conjugar.

T tampoco habla mucho de lo que le pasa, me refiero al análisis de los sentimientos, no a la narración de los hechos. Pero ella es un poco más sensible que P y yo, es más impulsiva, es más empática y no sé por qué. Podría decir que es todo lo contrario a P y a mí. Me parece que de las tres, ella es la más humana, la más cercana a la tierra, la única capaz de caminar sobre el suelo, lo que hace que aún no pueda entender todo este asunto colectivo que sí nos moviliza a P y a mí, y que por eso no se involucre tanto en ello como nosotras. Es la menos fría y por eso es la que más se vuelve loca con los detalles de una relación que ya no tiene sentido, y quizás, de las cuatro, es la que necesita más amor, porque nosotras podemos sustituir el amor con el compromiso, pero ella aún no puede, y solo puede sustituir amor por amor.

Sobre M no pienso escribir porque su caso me parece más complejo, así que mejor lo dejo así, ya tengo suficientes anticuerpos.

A pesar de todo, nosotras somos lo único que nos tenemos, no hay más, y tenemos que aprender a lidiar con nuestros problemas y nuestras tragedias entre nosotras. Aunque no somos la perfección en esto del apoyo emocional, por lo menos sabemos que nos tenemos la una a la otra, que podemos contar con nosotras cuando nos necesitamos, que la amistad que hemos generado es fuerte, profunda y bonita. Y eso a veces es suficiente para saber que una no está sola en el mundo, que hay gente que te quiere mal, pero que te quiere al fin y al cabo. Y yo las quiero mal pero las quiero. 



{14 enero 2012}   Formas de olvidar

Existen algunas formas de olvidar un poco más rápido. O bueno, algunas situaciones que permiten distraerse y no pensar tanto en lo que sucedió en el pasado. Me refiero a cuestiones amorosas, no a otro tipo de hechos traumáticos.

Una de estas formas es el conocido “un clavo saca otro clavo”, me ayudó un buen tiempo, me distrajo, me ilusionó y pude sobrevivir. Y cuando se terminó la experiencia con el clavo no fue tan dolorosa, no suele serlo, porque sabemos que es un clavo y nada más. El problema es cuando vuelve el pasado y otra vez caes en sus brazos. Pero ese es otro cantar. A veces los clavos duran más y en algún momento, si una tiene mucha suerte, puede convertirse en tu pareja. Pero si no, seguro vendrán otros clavos.

Otra forma de superar lo que pasó es no analizar tanto, no permitirse analizar tanto, además, ya le hemos dado mil vueltas a los hechos, los hemos desmenuzado, los hemos vuelto a vivir infinitas veces segundo a segundo y cada vez que los vivíamos rememorábamos todo el dolor y las lágrimas. Así que un buen paso para sacarse todo eso del fondo oscuro en donde está metido es no permitirse seguir analizando y cada vez que vuelva un pensamiento o un recuerdo decirse mentalmente que ya basta. Es difícil, es complicado, es penoso, hasta a veces parece imposible, pero a mí me ha funcionado, claro luego de muchos meses me ha funcionado, pero si no lo hacía seguía destruyéndome la vida. Y eso tampoco iba a permitírmelo, menos en un momento tan crucial de mi vida.

Y esa es otra forma de sacarse el dolor de encima, privilegiar lo que le da un verdadero sentido a tu vida, conmigo por ejemplo, lo que me moviliza y hace que me levante de la cama todos los días, aparte de mi hija, es activar por los derechos de las lesbianas. Y en la posición en la que me encuentro, en un momento histórico como este, con un gobierno relativamente abierto a cumplir ciertas expectativas, no puedo dormirme en mis laureles y sollozar noche y día. Tengo que salir adelante sí o sí porque tengo una responsabilidad no solo conmigo y con la gente que me rodea, sino con un montón de lesbianas desconocidas que no tienen la posibilidad de vivir una vida digna.

Otra forma de olvidar, aunque parezca medio rara, es la de ver tu mismo proceso en otras personas. Y eso es lo que yo estoy viendo en dos de mis amigas más cercanas. A T yo le decía las mismas cosas que P me decía a mí. Aléjate, rompe el contacto, date un espacio y un tiempo. Y claro, yo no le hacía caso así como T no me hacía caso. Los 6 meses que yo estuve batallando para mantenerme en pie también los vivió T, porque ella también había terminado su relación con P casi al mismo tiempo que yo y casi por las mismas circunstancias, con la diferencia que a mí K me buscaba una y otra vez para volver a empezar, para arreglar las cosas y para poder estar las 3 juntas, a como dé lugar, y nunca dejó de decirme que me amaba, que me extrañaba y que lo que estaba pasando solo era un proceso, que terminaría en algún momento y volvería conmigo (floro barato, pero que suena bonito y ayuda un poco a la autoestima)

En cambio a T, la dejaron de amar y ya no le volvieron a pronunciar palabras de amor, le dijeron que todo había terminado y fin. Y luego, de vez en cuando, recibía unas cuantas migajas de amor, pero como solo eran migajas no ayudaban en nada, solo daban falsas esperanzas y le dejaban el corazón más vacío que antes.

Y claro, como yo estaba completamente concentrada y enfocada en mi dolor no tenía en cuenta lo que pasaba con T, y como yo soy tan poco comunicativa, tampoco podía refugiar todo mi dolor en T. Y las dos andábamos como almas sin rumbo mientras K y P volvían a ilusionarse, volvían a enamorarse y no podían ser capaces de ver todo lo que vivíamos nosotras, y es que la felicidad te nubla y ya no puedes pensar en nada más, supongo que es difícil ser solidaria en esas circunstancias.

Llegó un momento en que yo decidí romper el contacto, alejarme de ella y retomar mi vida. Fue duro, aún es difícil, claro que cada vez menos difícil, pero fue una decisión de la que me siento orgullosa. No feliz, aún no soy feliz, creo que me va a costar mucho volver a ser feliz, pero por lo menos estoy ecuánime, y eso ya es bastante, considerando que antes era solo un manojo de penas.

Y luego de que me decidí a retomar mi existencia a como era antes, pude ver más en perspectiva la situación de T, compré unos cuantos libros de autoayuda y volví a leer todos los lugares comunes sobre el amor y el desamor, todo lo que se supone que ya sé, y que una persona inteligente no debe leer lo leí (aunque en una perspectiva generalmente heterosexual, pero es lo que hay, quizás en algún momento se me ocurra escribir mi autoayuda para lesbianas). La autoayuda me relaja porque se toma tan poco en serio, no es esnob y, sobre todo, existe un consciente y decidido deseo de ayudar (así sea a los mismos autores que se hacen millonarios). Y para mí, eso es suficiente.

Y luego de mi decisión veo como T también decide por fin retomar las riendas de su vida y restringir el contacto, aunque para ella es más complicado porque viven en la misma casa, pero también es más fácil porque con ella el rompimiento fue más radical, no hubo una búsqueda continua de reconciliaciones absurdas, solo continuas muestras de desamor y desprecio que ella se obsesionaba en entenderlas como todo lo contrario. Por eso su situación era más triste y más fea.

Para T como para mí este año ha sido de lo peor. Pero, asimismo, fue el año en que sobrevivimos al desamor, y creo que ese, es un triunfo mayor. Las dos pasamos por nuestras relaciones lésbicas más intensas, las vivimos con mucha emoción y nos mantuvimos en pie aunque cayendo cientos de veces. Creo que ahora podríamos sobrevivir a cualquier cosa.

Ahora veo a P en la misma situación en la que estábamos T y yo. Destruida por un amor perdido, con ganas de llorar todo el día o dormir o morir. Y verla a ella me recuerda a mí hecha una bola de dolor que giraba y giraba. Lo veo tan lejano y a la vez tan cercano. Entiendo su dolor, hasta casi puedo palparlo, y eso permite que yo vea lo mío como algo más trabajado, como si el tiempo lo hubiera macerado, como un extraño dolor antiguo.



{10 enero 2012}   10 días

En el proceso de curación de mis heridas, decidí dejar de verla. Era completamente necesario si por fin decidía separarme de una relación que solo me destruía por todo el dolor que conllevaba seguir con alguien que en algún momento me engañó y luego decidió que muy bien podríamos estar las tres juntas, pero no revueltas (o revueltas solo con ella). La otra como la novia casi oficial (si esa posición existe en una relación de 3 que solo 2 conocen y la otra sospecha) y yo como la ex novia que no puede irse.

Porque yo seguía pegada a una relación que ya no tenía sentido, que estaba rota, que no tenía ningún futuro y que solo me lastimaba. Pero es que resulta tan difícil dejar a alguien que has amado y con la que has planeado muchas cosas en la vida, sobre todo cuando a ese alguien lo considerabas parte de tu familia, o tu familia en sí, la familia que una elige y, por lo tanto, más preciada aún.

Pero luego de casi 6 meses de este tira y afloja la cuerda tenía que romperse. Así que decidí darle punto final y no fue una decisión fácil, lo fácil hubiera sido quedarme aún en su cama casi todas las noches y seguir durmiendo con ella, lo fácil hubiera sido seguir viviendo esa especie de alegría/tristeza que me embargaba cada vez que la veía, lo fácil hubiera sido seguir manteniendo una relación basada en la mentira y en el pasado. Y viviendo sobre lo fácil estuve casi medio año.

Hoy son diez días que no nos vemos (es muy reciente aún todo esto), y sí, aún cuento los días, porque cada día que pasa la pienso y recuerdo lo bueno y lo malo de la relación (aunque predomina lo malo) y no puedo evitar derramar unas ligeras lágrimas en señal de duelo por lo perdido, pero ya no es como antes que me lloraba todo el río Rímac, ahora son unas pocas, hasta dulces podría decir, unas tristes y dulces lágrimas por un amor perdido.

Sé que cada día que pasa es un paso hacia la liberación y el olvido, y los asumo con valentía, a pesar de que hay días que me dan ganas de dejar toda esta valentía atrás y comportarme nuevamente como una cobarde y llamarla y volver a su lado, y estoy segura de que me recibiría y nuevamente volveríamos a tener una relación de tres, y solo de pensarlo se me quitan las ganas.

Diez días puede parecer poco, para mí es una eternidad. Siento como si estuviera en un proceso de desintoxicación de drogas y estoy con síndrome de abstinencia. Siento como si hubiera luchado con ese vicio por mucho tiempo y todo el tiempo me hubiera vencido. Menos ahora. El vicio es complejo, cuando piensas que estás recuperada es cuando viene con más fuerza, y eso me da un poco de temor, pero el tiempo y la distancia son los mejores aliados, de eso estoy completamente segura. Seguiré resistiendo, seguiré luchando contra un sentimiento que no vale la pena y que no tiene sentido.

Y en algún momento podré escribir en este blog, en donde hay mucho de mi vida (porque hay cantidad de cosas que no he contado), que por fin estoy libre de un amor malsano. Que soy feliz por fin. Y que quizás me he vuelto a enamorar.



{10 enero 2012}   la vida

La vida casi nunca es lo que una espera. Muchas veces ni siquiera se acerca mínimamente a los proyectos que nos forjábamos de pequeñas. La vida es aquello que te das cuenta que vives cuando todo a tu alrededor te dice que eso no es vida. Solo ahí la vida se muestra ante ti como algo que realmente es, ya no como un sueño, una meta o un anhelo, sino como la realidad. Cuando lo real te golpea es que realmente cuestiones qué es la vida, para qué se vive, qué sentido tiene seguir viviéndola. Y lo real no tiene que ser necesariamente una tragedia, a veces es el simple sinsentido, el vacío, el hastío, la angustia o el desamor.

Yo he pasado hambre junto a mi familia, hubo veces en que solo comía un tomate, una zanahoria y tomaba un poco de café en todo el día; he estado muchas veces, junto a mis hermanos, sin electricidad en casa, estudiando a la luz de las velas, porque no teníamos dinero para pagar la cuenta de la luz; he visto a mi padre empeñar hasta su vida con tal de que nosotros pudiéramos estudiar; he visto a mi madre deshonrándose para que nosotros pudiéramos comer; he tenido que ir al colegio junto con mis hermanos a pie y caminar muchas pero muchas cuadras de ida y vuelta porque no teníamos para los pasajes sin desayuno; he caminado con los zapatos rotos por mucho tiempo; en pocas palabras, he vivido y contemplado la pobreza de una forma muy cercana, pero nada de eso me hizo sentir infeliz, realmente infeliz, porque había gente que me amaba, y se sacrificaba tanto como yo me sacrificaba al ir y volver del colegio a pie, sin refrigerio y con los zapatos rotos; y seguro que es por eso que no le tengo miedo a la pobreza, aunque a mis hermanos les afectó de forma completamente diferente, mi hermana por ejemplo, le tiene terror a la pobreza y ha centrado su vida en salir de ella, y lo ha conseguido; yo le tengo el miedo al sinsentido, a que mi vida en algún momento no haya valido la pena ser vivida, que no haya hecho nada con esta vida que tuve, que mi vida no haya ayudado a otras vidas a vivir, y por eso la pobreza pasa a un segundo lugar en el orden de mis prioridades en el actuar.

Si me preguntan qué es peor vivir para mí, la pobreza o el desamor, yo respondería sin duda que el desamor, y supongo que mi hermana respondería lo contrario. Yo he vivido la pobreza y sé que esta no puede matarme, es más, me hizo más fuerte, más idealista, más guerrera. Sé que sin el amor de mis padres, un amor raro, frío, lejano, pero amor al fin y al cabo, no hubiera sobrevivido. Ese amor, con sus pro y sus contra, me ayudó a vivir y me capacitó para sobrevivir. Si ellos no me hubiesen amado, mínimamente, yo no sería lo que soy.

Con la pobreza yo nunca deseé morir, con el desamor sí. La pobreza nunca me impidió hacer nada que no quisiera, el desamor me inmovilizó en la cama, inmovilizó mi cuerpo, inmovilizó mi mente. Le quitó sentido a muchísimas cosas que eran realmente importantes para mí. Quizás cuando lo vea en perspectiva esto deje de tener tanta importancia, pero yo supongo que, conociéndome, si otra vez vivo una experiencia de desamor, será muy parecida, no creo que no haya aprendido a no sentir, solo aprendí a actuar de otra manera, pero ni siquiera estoy libre de repetir los mismos errores.

El desamor no me genera rabia, rencor, odio, que es lo que me gustaría que me genere, porque sé que esas emociones en algún momento pasan, y nunca se puede vivir con ellas toda la vida, pero una puede cargar la pérdida del sentido toda la vida. Una puede cargar cierta melancolía, cierta tristeza y ciertos vacíos hasta el último día de su vida. El tiempo y la distancia ayudan al olvido, pero así como nunca olvidé mis experiencias de pobreza. Porque marcaron en mí un devenir que formó mi personalidad. Así tampoco podré olvidar las experiencias de desamor porque también marcaron mi vida de forma indeleble, sobre todo, porque fueron errores debido a las pobres elecciones que hice, y obviamente, es diferente el sentimiento hacia una pobreza que me fue dada que hacia un desamor que fue, prácticamente, buscado.



{30 diciembre 2011}   Final feliz

Me gustan las fechas, porque a pesar de ser todas arbitrarias te fijan situaciones y eventos en la mente, y puede que no sean muy precisas, pero por lo menos es lo más cercano al tiempo en el que pasó algo.

Por ejemplo, yo empecé mi relación con K el 13 de octubre de 2009, me refiero a la relación formal, o sea, al día que decidimos que sería nuestro aniversario. Porque ya salíamos desde mucho antes, específicamente desde mediados de julio, ya lo habíamos intentado una vez y habíamos terminado al mes, luego tuvimos una relación libre que me gustó mucho, y después ella insistió en la relación de pareja monogámica y para no perderla acepté.

Recuerdo también que el 11 de junio de 2010, en mi cumpleaños, fuimos a la disco con nuestras amigas, y la engañé en su cara, con tres chicas, y ella me perdonó. Recuerdo también que muchas veces la desairé y preferí a mis amigas y al activismo antes que a ella. La hacía esperar horas mientras duraba una reunión y ella se aburría, pero siempre estaba al final esperándome y feliz de que terminara por fin para poder estar juntas.

También recuerdo que muchísimas veces intenté terminar con ella, por diversas causas, no teníamos las mismas metas, a ella no le interesaba lo mío como a mí no me interesaba lo suyo. No teníamos los mismos gustos musicales, a mí me gustaba su música pero creo que ella detestaba la mía, también era una cuestión generacional, nos llevábamos casi 10 años, pero a veces resulta, es más, yo creo que muchas veces resulta esto de complementar conocimientos y experiencias, pero con K no funcionaba.

Con el papá de Cami, N, por ejemplo, coincidíamos en las metas, los dos queríamos ser humanistas, ser famosos por nuestro intelecto, dedicarnos a escribir poesía, novelas y ensayos, viajar por el mundo. Pero no había amor, o mejor dicho ya no había amor, el amor con el que habíamos empezado y durado muchos años se había ido agotando y desgastando con el paso del tiempo, con cada palabra dicha o no dicha, con cada acto mal entendido, con cada desavenencia que no podía ser corregida a tiempo, con deseos insatisfechos de una y otra parte.  Y así se acabó una relación de 8 años (aunque fueron más, ese es el cálculo oficial). Y no sirvió de nada compartir los mismos sueños y las mismas metas.

Y eso pasaba con K.  Y como no me fue bien con alguien con quien compartía casi todo, pensé que tal vez me fuera mejor con alguien con quien compartía casi nada. Y por eso muchas veces intenté terminar con K, así como muchas veces seguí salvando la relación con N. Y todo era inútil, porque las cosas ya se veían venir solo que yo no las dejaba pasar, las contenía y las contenía hasta que terminaban reventando en mi rostro.

Cuando rememoro esa parte de mi relación me apena un poco el haber sido tan desagradable y malvada (por suerte K no lee este blog, creo que nunca le gustó). Recuerdo que cuando discutíamos por cualquier tontería, y ambas estábamos muy molestas, yo decidía irme y dejarla sola, y ella venía detrás de mí y me jalaba y me decía que no me vaya, y yo insistía en irme, y así un buen rato hasta que yo desistía y me quedaba, luego nos reconciliábamos, pero creo que eso siempre lastimaba su autoestima, y yo era incapaz de ver la situación en perspectiva, y solo pensaba en mí.

Recuerdo que la primera vez que terminamos le di como excusa que no le gustaba leer y que eso generaba en nosotras una distancia enorme insuperable. Luego volvimos y eso dejó de importarme. Aunque en el tiempo en el que estuvimos hice que leyera todo Harry Potter, los 7 tomos (le gustaron mucho), y sobre todo, los tres tomos de Millenium (le fascinaron). Eso sí me hizo feliz.

Luego quise terminar porque ella no aceptaba que ocupara más tiempo en el activismo que con ella, en reuniones y actividades relacionadas. Y discutíamos continuamente por eso y al final ella terminó cediendo y dándome tiempo para mis cosas. Y a pesar de que al inicio ella estaba involucrada y parecía gustarle, poco a poco se fue alejando de ello, por lo desagradable que podía ser cierta gente con ella, por todos los riesgos que terminó corriendo por acompañarme, como perder el trabajo, la casa y la visa. En cierta forma, sus sueños. Y lo que me apena es no haberlo comprendido y haber sido indiferente a todas sus pérdidas.

También quise terminar porque sentía que no iba con mis principios esto de las relaciones de pareja monogámicas, quería una relación libre, abierta, poliamorosa. Pero ella nunca lo aceptó y yo cedí. Por ella, por mí, por las dos. Luego el poliamor me golpeó en la cara, pero ese es otro cantar, aún creo firmemente en el poliamor con sus tres premisas básicas, sinceridad, amor y deseo.

No recuerdo muy bien todas las razones que usé para poder terminar, aunque la última sí. Ella es de Cajamarca y allí Fujimori parece que hizo muchas cosas por la población, y ella, como toda su familia, iban a votar por Keiko, lo que a mí me resultaba espantoso. Y le dije que no podía estar con alguien que fuera a votar por ella, y que en cierta forma, me agotara más de lo que ya estaba agotada de pelear con tanto fujimorista todos los días, para llegar a casa y dormir con una fujimorista. Me quería morir y llegó un momento en que resultaba insoportable nuestra compañía. Por suerte ella reflexionó y luego se unió a mi lucha, y al final votó por Ollanta; pero en esa época, mayo, junio, ella ya estaba engañándome, así que mucho mérito tampoco tiene.

Y todo este recuento es para resumir en cierta forma todos los intentos que hice para que la relación termine y todo el esfuerzo que hizo ella en este año y nueve meses, desde el 13 de octubre del 2009 hasta el 9 de julio del 2011, para que la relación continúe. Y tengo que reconocer sus méritos en eso, por lo menos antes del engaño, porque soportarme sé que es una tarea dura.

Ella me dijo que me engañaba el 8 de julio (me dijo que la otra le gustaba mucho, pero que a mí seguía amándome y que ella sabía que podía hacernos felices a las dos, aunque eso ahora suene gracioso o pendejo), pero yo estaba muy dolida así que al día siguiente, 9 de julio, apenas tuve completa conciencia de lo que pasaba, decidí terminar. Luego de eso vinieron cuatro meses insoportables y completamente desgraciados (julio, agosto, setiembre, octubre), en los que las dos aún teníamos esperanzas de regresar, de que las cosas se arreglaran; y creo que las dos los intentamos, pero lo intentamos mal, ninguna estuvo dispuesta a ceder nada, o cedíamos pero lo volvíamos a arruinar. Ella no podía controlar su deseo, sus nuevos sentimientos, sus antiguos sentimientos; yo no podía controlar mi desolación, mi desconfianza, mi rabia. Luego vinieron dos meses más (noviembre – diciembre) de aceptar el golpe, de procesarlo, de admitir que la relación ya no podía salvarse, de tratar de ser amigas, de que no se pierda lo bonito que había sido a pesar de lo mal que terminó todo, y de despedirnos definitivamente una y mil veces.

Y en el transcurso de esos meses llanto, dolor, risas, pasión, recriminaciones, reconciliaciones, mentiras, verdades, sexo, besos, abrazos, olores, flujos, mordiscos, alcohol, bailes, despedidas, canciones, regalos, rabias, rencores, historias, pasado, recuerdos, palabras, suspiros, deseos, cuchillos, paredes, libros, sueños, pechos, cuellos, baños, amigas, perdición, desconocidas, desnudos, frío, calor, sudor, olvido, caminatas, música, cine, habitaciones, suelos, ropa, dedicatorias, cartas, notas, llaves, cargadores, comida, bebida, amanecidas, celulares, llamadas, mensajes de texto, testamentos, promesas, juramentos.

Seis meses intensos en donde conocí más de mí que en toda mi vida. En donde todas las frases hechas y en las que nunca creí, se cumplieron: el mundo da vueltas, todo se paga, todo pasa por algo, así es la vida, tedas cuenta de cuánto has amado cuando es demasiado tarde, etc., etc. Seis meses en los que fui un alma en pena, en los que me arrastré porque no quería caminar, en los que me levanté de la cama cuando solo quería dormir eternamente, en los que seguí luchando cuando solo quería declararme vencida.

Y yo sí puedo decir que luché por ella, luché contra mi orgullo, mi dignidad y mi autoestima. Luché contra todo lo que me decían, contra dejarla de una vez, contra no volver a verla, contra perdonarla, luché contra todo lo razonable y lógico, luché contra el mismo amor, luché contra el odio. Luché contra mí misma, mis deseos, mis sentimientos, mis afectos, mis emociones, luché contra mi cuerpo, luché contra mis amigas, contra mi familia. Le di la espalda a todos por ella, por su amor. Y me parece paradójico que yo haya luchado tanto por terminar con ella y luego luchar tanto por no terminar. El mundo sí que es pequeño. Y sé que no luché en vano, sé que he ganado mucho en todo esto. Sé que yo gané porque perdí lo que tanto luché por perder y la consecuencia lógica es perderlo. No es una victoria fácil, fue costosa, fue difícil, fue compleja. Es de esas victorias que parecen derrotas.

Pero igual yo sabía que esto en algún momento terminaría, y si bien la melancolía ha suplantado a la tristeza, y el dolor ya no es el mismo, ni la pena, y tampoco hay desolación, y los recuerdos siguen vivos en mi mente, ya no deseo borrarlos, deseo atesorarlos, guardarlos como breves gotas de felicidad en mi vida, hasta que solos, con el tiempo y los cambios que se vienen, vayan desapareciendo y solo dejen una difusa estela de ensoñaciones. Como todo, como nada.

Así que continuando con el afán de guardar fechas para la posteridad (y para el blog también porque si no me olvido), el último día que la vi, es también el último día que la veré, 27 de diciembre de 2011, 6 de la mañana.

Nos prometemos un par de cosas en la noche, conversamos largamente, derramamos nuestras últimas lágrimas juntas, tratamos de que nuestros cuerpos guarden el último contacto posible, hacemos el amor por última vez, dormimos, y al día siguiente, el último beso, la última despedida, aunque ella no lo crea, aunque diga: “esta es una más de tantas V, nosotras estamos destinadas a seguir juntas, a envejecer juntas, a morir juntas, solo a ti te puedo decir amor, esa palabra te pertenece y siempre te pertenecerá”. Yo solo pienso que quiero envejecer y morir con el amor de mi vida, y ese amor aún no lo encuentro. Y creo que tampoco quiero encontrarlo pronto, quiero que ese amor se tome un tiempo, y que me permita conocer otros amores más livianos para luego volver a zambullirme en profundidad.

Adiós 2011. Bienvenido 2012. Adiós amor. Bienvenido amor. Amores. Y todo lo demás también. Y a empezar a vivir otra vez, con fuerza, con coraje, con valor. A retomar metas, sueños y esperanzas perdidas. El mundo se abre y yo lo abrazo. Y vuelvo a respirar.



{30 diciembre 2011}   nada de nada y todo de todo

De julio a diciembre / arrancar / esconder / noches de insomnio hundidas en alcohol / ahogadas en llanto / en sucios besos que te envuelven y no te dejan avanzar

Noches perdidas / brazos abiertos / silencios / flujos que te cubren todo el cuerpo / visiones de una vida perdida / adioses y despedidas / bienvenidas llenas de rabia.

El punto muerto entre el aquí y el ahora / cajas vacías tratando de ser llenadas / de voces / de comunicación / de sexo  / de pastillas para hundirse en el sueño / en el mar / en la muerte.

Me gustan los baños de los bares / de un momento a otro se llena de acción / ni siquiera sabes muy bien cómo sucede / alguien jala de tu brazo / y de pronto estás dentro / y una mujer te está besando / y tú te dejas / no tendría ningún sentido no hacerlo / se saca la ropa y tú también te la sacas / le agarras los senos y ella toma los tuyos / te hundes en su cuello mientras ella hunde sus dedos / mientras sus gemidos invaden tu cerebro / y tu mente explota y te dejas llevar / y sientes su lengua acariciando tus labios.

Me gustan los baños de los bares / puede suceder cualquier cosa / aunque generalmente lo que sucede es sexo / pero es tan divertido / y tan sucio a la vez / aunque las enfermedades las puedes coger en cualquier parte / no es excusa para rechazar una aventura de baños / mucho menos para rechazar a una mujer bonita / y si no es muy bonita tampoco es pretexto para rechazarla / ningún tipo de amor debe rechazarse / mucho menos el que es ofrecido a manos llenas / mucho menos si estás llena de alcohol.

Me gustan los baños / pero sobre todo el amor en los baños / sobre todo el amor que comienza en los baños / y también los amores que terminan ahí.



{27 diciembre 2011}   lecciones 2010

Creo que si una no aprende de los fracasos de las relaciones está completamente ciega o es una completa egoísta  y yo creo que de mi relación con K he aprendido demasiadas cosas que pasaré a enumerar:

  1. Es completamente necesario cuidar los detalles. Muchas veces la falta de cuidado en cosas pequeñas comienzan a crear huecos que se van a hondando y ahondando hasta ser imposible cerrarlos. No  dejar que aparezcan esos huequitos pero si aparecen tratar de arreglarlos lo más pronto posible, y para eso es necesaria…
  2. La comunicación, si ninguna de las dos habla no hay solución. Y si se habla demasiado generalmente se agravan los problemas. Tener un equilibrio es lo ideal, pero eso solo lo aprendemos con la práctica, y en temas tan álgidos como…
  3. El sexo. Para una relación el sexo es vital. Llegan momentos en que se puede compensar el sexo con el amor o la amistad. Pero si ni siquiera hay eso, o si llega alguien con quien consigues más satisfacción, ni el amor ni la amistad van a salvar la situación; por ello…
  4. La verdad por sobre todas las cosas. Así duela, así sea horrible, así te destruya. Es mejor eso a que te vean la cara de estúpida todo el tiempo. Y es preferible ser la amante a ser la novia engañada, ya que…
  5. Se puede llegar a nuevos niveles de bajeza. No es como en las películas en las que todos los personajes son estoicos que crees que esas son las reacciones naturales a la infidelidad, el engaño y la traición. De un momento a otro ellos deciden que se terminó y se terminó. En la vida real no es así, y una tiene que trabajar con su orgullo, dignidad y autoestima para pasar de un nivel a otro. Y pasar de ser la novia amada a ser la novia engañada y luego la amante inesperada no es simple. Requiere de todo un trabajo de aclimatación y de casi casi desesperación (de las dos partes) para que todo lo que hubo no se quede en el olvido. Y en algún momento puede ser muy divertido y loco, pero también tiene sus momentos duros y dolorosos, sobre todo si una aún tiene esperanzas de arreglar la situación y no te das cuenta que estás a años luz de arreglarla, porque ya no se pueden recobrar muchas cosas perdidas, como…
  6. La confianza. Llega un momento en que es imposible recuperarla, aunque por lo menos se intentó, pero en los vaivenes del deseo una no puede mandar y el deseo es más poderoso que el amor, la confianza y la verdad. Y una se deja guiar por él, arriesgándolo todo, perdiéndolo todo o ganándolo todo. Guiarse por el deseo no es fácil pero es un riesgo que muchos corren, y yo me he dejado llevar muchas veces por este deseo y he arriesgado mucho, y creo que no perdí nada hasta ahora, pero es con los golpes de la vida que una aprende que…
  7. El deseo puede controlarse, cuando, por un lado,  se ama; y por el otro, se quiere evitar el sufrimiento de otras. Antes a mí no me importaba meterme con chicas que tenían pareja, y me importaba un pepino el sufrimiento o el daño que podría estar ocasionando. Y una nunca aprende hasta que está en los zapatos de la otra, y cuando vive la misma situación en calidad de “víctima”. Es ahí cuando una entiende recién el alcance de sus acciones y las consecuencias de estas. Y que algo que al comienzo te puede resultar divertido, gracioso, pendejo pero todo eso se puede dar la vuelta y golpearte en la cara de la manera más brutal. A veces pienso que tuve que pagar todo el sufrimiento que causé de alguna forma, y que esta era la mejor forma, porque me enseñó a…
  8. Respetar. Yo antes no respetaba nada, ni a mi pareja ni a las parejas de mis amigas, ni a la pareja de nadie, y era capaz de cualquier cosa con tal de divertirme. Ahora sería incapaz de interferir en una relación. Por todo el sufrimiento que se puede generar, por todos los conflictos que puede traer a una relación que nació del dolor de otra persona, porque en el fondo siento que cuando una relación nace del sufrimiento de otra no puede nunca ser feliz, siempre va a estar la duda, la sospecha, la desconfianza, y sobre todo, a pesar de que muchas no creamos en esto, se puede aplicar la frase “el mundo da vueltas”, y quieras o no te va a tocar (me tocó), aunque también hay gente  a la que le pasa sin haber hecho nada malo, a ellos se les podría colocar la frase “así es la vida”.
  9. Y creo que también sería incapaz de ser infiel (por lo menos trataré). Yo he sido muy infiel, eso no lo puedo negar, pero la convivencia social te hace dar cuenta de que hay ciertas reglas que respetar así no nos gusten o así nos rebelemos ante ellas. O respetas o eres completamente sincera, no hay más vuelta que darle. O las dos cosas. Y si te engañan por lo menos hiciste bien las cosas y no tienes nada de qué arrepentirte. Pero si fuiste infiel de qué te quejas, porque realmente te lo mereces. Y yo me merezco muchas cosas, aunque creo que ya lo pagué todo. Ya pagué todo lo que tenía que pagar y todas las lágrimas que tenía que derramar y todo el sufrimiento, el dolor y la humillación fueron necesarios para crear a una nueva persona en mí, espero que más centrada y más madura. Y espero también que más fuerte (y menos llorona).

Entonces, este año he aprendido demasiado en lo que se refiere a relaciones amorosas. Aunque no creo que deje de aprender sobre las relaciones. Siempre hay algo nuevo bajo el sol.

Hice muchos ejercicios, bajé 10 kilos, me aficioné a determinada música torturante, leí demasiado, dejé de lado muchísimas cosas que estaba proyectadas para este año. Perdí y gané. Gané y perdí. Y así seguiré, aprendiendo, escribiendo, y quizás ayudando a otras mujeres.



{27 diciembre 2011}   G

Cuando la conocí yo tenía 19 y ella 17. Llegó para cuidar a mis hermanos pequeños y desde el primer día que la vi me enamoré de ella. Traía consigo una triste historia. Su madre agonizaba por el cáncer en un hospital estatal. Su padre estaba preso por violación. Su hermana menor iba de la casa de un tío al otro. Ella estaba perdida, se quedaba a dormir en las casas de sus amigas o con el enamorado de vez en cuando hasta que este la dejó por otra. Ya no sabía qué hacer hasta que casualmente conoció a mi mamá y casualmente mi mamá necesitaba una niñera. Y ella llegó a mi vida.

Yo ya antes había sentido un gusto especial por las niñas, pero nunca me atreví a decirlo sino muchos años más tarde. Me había enamorado de una compañera del salón cuando estaba en segundo grado de primaria. Y sí, es posible enamorarse a los 7 años y sufrir por ello, por la imposibilidad del amor. Ella era la niña más popular, yo era una más. Y todo el año escolar no dejó de mirarme con esa mirada altiva y fría con la que se dirigía a casi todos, incluso a los profesores. Todo el año no dejé de soñar con ella. Al año siguiente se fue a otro colegio y mi enamoramiento decayó hasta extinguirse.

No volví a enamorarme hasta la secundaria y de una amiga de la que no pensé enamorarme, ya que habíamos estudiado toda la secundaria juntas y nunca antes me había interesado sino hasta quinto de secundaria, unos meses antes de que terminara el año escolar y el colegio definitivamente. Ella tenía problemas con su mamá y yo fui la única en ese momento que pudo escucharla y nuestra amistad se fue estrechando más hasta hacernos inseparables.

Caminábamos por las calles abrazadas o de la mano. Íbamos y veníamos a todos lados en el colegio y después del colegio, cada día más próximas. Hasta que de un momento a otro dejó de hablarme. Justo cuando se acababan las clases y cuando ya era muy difícil que nos volviéramos ver seguido. Yo no entendía su alejamiento y sufrí mucho por eso. Sin explicaciones, sin palabras, sin despedidas. Dos meses después nos volvimos a  ver. Nos habíamos inscrito en la misma academia. Ella se acerca y me pide que la disculpe, que no fue su intención, que no entendía bien aún por qué decidió alejarse de mí, que tuvo miedo pero no sabía de qué, que quería volver a ser mi amiga, que todo volviera a ser como antes. Yo le dije: sí claro, no hay problema. Y no le volví a hablar nunca más.

Diez años después me enteré que se fue a Venezuela, que se había casado y que tenía dos hijos. Me aceptó en el facebook pero no conversamos de nada.  Luego me mandó un mensaje en el que me felicitaba por todo lo que hacía y solo puse “me gusta”. En ese tiempo separarme de ella no me costó mucho. Ahora mi estómago se revuelve cada vez que recuerdo lo que pasó y lo que no pudo ser.

Y la tercera fue G. en ese tiempo yo terminaba mi primer año de Derecho. Detestaba la carrera que estaba estudiando y pensaba en no volver más a la universidad a pesar de estar en el tercio superior. Simplemente no era mi vocación, no podía soportar esa carrera ni a mis compañeros ni a los profesores. Además, tenía problemas con mi madre y no quería seguir dependiendo de ella económicamente para poder estudiar. En esos trances estaba cuando llega ella. Bonita, risueña, conversadora. Un encanto de persona que conquistó a toda mi familia, y por supuesto, a mí.

Y de pronto esa niña que no había terminado el colegio secundario, que se enorgullecía de no haber leído ningún libro en su vida, que no tenía planeado nada para su vida, que solo quería divertirse, me convierte en prácticamente su esclava ya que yo vivía a sus pies, concediéndole hasta sus más pequeños deseos. Porque la adoraba, la deseaba, la necesitaba. Escuché todas sus historias tristes, me sabía punto por punto su vida almacenando información sobre ella, sus gustos, sus disgustos, sus afectos, sus odios. Todo. Para por lo menos tener eso de ella si no se podía tener nada más.

Y así estuvimos un buen tiempo hasta que todo comenzó a complicarse. Ella tenía un grupo de amigas de mal vivir. Salían todos los fines de semana y se emborrachaban a morir, luego se iban con el primer tipo que se cruzara en sus caminos. Yo en ese tiempo andaba con otros amigos. No tan borrachos pero igual de díscolos. No debí juntarlos nunca. Hubo toda clase de excesos entre nosotros. Pero yo solo pensaba en G, en lo que hacía o dejaba de hacer G, a quién miraba, con quién conversaba, con quién terminaba yéndose mientras mi corazón se encogía de rabia. Y yo estaba entre todos ellos como si estuviera aparte, mirando y cuidando a G mientras ella se perdía en la inconsciencia y ya no podía hacer nada para detenerla.

Cuando volvía a aparecer en mi casa después de una noche de perdición y se acercaba a mí, me besaba suavemente en el rostro y se echaba a mi lado como si nada hubiera pasado. Luego me envolvía con su pierna y juntas dormíamos todo el día, semidesnudas, esperando que el mundo solo fuera eso y nada más que eso.

En cierta forma ella marcó mi vida y mi forma de actuar en otras relaciones. Yo a ella le perdonaba todo, le aceptaba todo, le daba todo. Y hasta cuando peor me trataba y me dejaba por cualquier poca cosa que se le cruzara, yo seguía siempre dispuesta a esperarla. Ella sabía que yo siempre la esperaría, de eso no tenía la menor duda. Pero ahora, después de tantos años no recuerdo las cosas malas que pasaron entre nosotras, o mejor dicho, no las recuerdo con dolor, las recuerdo con una ligera sonrisa por mi inmadurez, mi timidez y mi poca resolución que no me permitieron ser feliz con ella.

Una noche, luego de que ella había tenido una cita con un chico, vino a mi cuarto, se echó a mi lado, se sacó la ropa, me abrazó muy fuerte y me preguntó si la quería, le contesté que sí que la quería con toda mi alma, que acaso no era evidente. Y ella me dijo que también me quería mucho, demasiado, que no la dejara nunca, que siempre estuviera a su lado, y le prometí que eso haría. A pesar de todo, eso haría.

Otro día, luego de habernos separado un tiempo debido a diversos contratiempos, ella viene y se echa a mi lado y me comenta. Siempre que estabas borracha querías besarme. Yo me sonrojo, pero no digo nada.  Ahora por qué no me besas, me pregunta. Porque no estoy borracha, le respondo. Y me arrepiento de mis palabras al instante, pero ya estaban dichas. Ella solo se rió, yo también. Nos abrazamos y nos dormimos.

Después ella se fue a Huaraz. Y yo hice que mi alma solitaria se consolara con cualquier cosa con tal de olvidarla. Pero era imposible, la extrañaba a muerte, me faltaba la respiración, solo quería dormir y dormir y sacarla de mi mente, dejar de pensar en ella. Empecé a salir con la que era su mejor amiga en otros tiempos, antes de conocerme a mí, y con la que tenía aún una relación muy estrecha. Y me perdí en su cuerpo entre alcohol y malas noches. Fue la primera chica con la que me acosté. Fue la primera chica a la que vi tener un orgasmo. Fue la primera a la que no me importó perder. Años después se casó con mi primo y tuvieron tres hijos. Luego se separaron. Yo no la volvía ver ni a tener contacto con ella. Pero cuando recuerdo a G no puedo evitar recordarla a ella. En recordarnos a las tres juntas, jóvenes, perdidas, imposibles.

Varios meses después G regresó de Huaraz. Y yo era la mujer más feliz del mundo. Me dijo que solo se quedaba un par de semanas en Lima, que estaba trabajando en un night club, que le iba muy bien, que no me preocupara por ella. Una semana antes de partir yo la veía cada día más triste. El momento de su partida se acercaba y ella no quería aceptarlo. Y yo tampoco. Las dos éramos almas en pena tratando de vivir lo más intensamente posible esos últimos días. No nos levantábamos de la cama si no era para hacer algo completamente necesario y urgente, y rápidamente volvíamos a envolvernos en abrazos rogando porque el tiempo no corriera, porque todo se detuviera, porque existieran los milagros. Pero algunos milagros son imposibles de cumplir.

Los dos últimos días yo la veía pensativa, hacía cálculos mentales, anotaba en hojas pequeños planes, me miraba y sonreía, luego se entristecía, luego volvía a sonreír. Yo solo la miraba tratando de perennizar su rostro, sus ojos, su sonrisa, su olor, su piel, su cuerpo en mi memoria sentimental. Luego de mucho reflexionar, el último día me dijo: ven a vivir conmigo. Qué. Sí, ven a vivir conmigo. Estás loca, le digo riendo. No, es en serio, allá también puedes estudiar, nos alquilamos un departamento, yo te pago los estudios, no te vas a tener que preocupar por nada V, te lo juro, pero quédate conmigo por favor, ¿ya? Pues supongo que está bien, pero G, no creo que soporte que sigas trabajando en ese night club, y en cierta forma me incomoda que me pagues todo. Eso se puede arreglar, me busco otro trabajo, compartimos gastos, lo que quieras, pero vive conmigo, no quiero separarme de ti otra vez. Está bien, le digo, viviremos juntas. Y nos damos el abrazo más feliz del mundo.

Unas horas después la acompañaba a tomar su bus rumbo a Huaraz. Llegando ella me enviaría los pasajes para ir allá. Dos días después tengo los pasajes en mis manos. Unas horas antes del viaje estoy sentada en el terminal esperando la hora para partir. Treinta minutos antes de que el bus parta me invade un desaliento espantoso que me inmoviliza los pies, el cuerpo, el alma, la respiración. Me hundo en el asiento, no me muevo y lloro silenciosamente. Lloro y lloro aproximadamente dos horas. Sin ilusiones, sin esperanzas tomo mis cosas y regreso a casa. Juré no enamorarme nunca más, pero hay promesas que son imposibles de cumplir.

Seis años después la volví a ver. Yo estaba separándome del papá de mi hija y empezaba a asumirme como lesbiana ya sin ningún temor. Ella tenía una relación con un futbolista famoso que estaba casado. Fuimos a tomar algo al Twin, conversamos sobre el pasado, rememoramos situaciones, eventos, amigos, sobre días y noches que no volverán. No pudimos evitar la tristeza, no pudimos evitar la alegría, y nos despedimos prometiéndonos volver a vernos, llamarnos, no perder el contacto.

 A las dos la vida nos llevó por rumbos muy diferentes y es completamente inútil arrepentirse de las decisiones tomadas. Pero siempre es posible preguntarse qué hubiera pasado si… aunque ya no sirva de nada.

Y ahora, ad portas de dejar a una amor atrás para siempre, ad portas de un nuevo año, ad portas de una nueva vida y nuevas responsabilidades, recuerdo a G, recuerdo su amistad y su amor, recuerdo su piel y sus abrazos, tanto como recuerdo los abrazos, la piel, la amistad y el amor de K. Y no sé si sentirme bien por haber vivido dos grandes amores o sentirme mal por haberlos perdido. Pero a pesar de lo bien o mal que me pueda sentir por todo lo que me ha pasado todo este tiempo no me queda más que asumir lo bueno y lo malo, lo triste y lo alegre, lo bonito y lo feo. Y seguir viviendo. Y seguir luchando. Y seguir soñando. Para mí otra posibilidad no hay.



{24 diciembre 2011}   Suerte

Yo creo que a pesar de todo lo malo que he vivido también he tenido mucha suerte. Y a pesar de todas las decisiones equivocadas que he tomado también me enorgullezco de otras. Y no podría decir que no me arrepiento de nada porque me arrepiento de muchas cosas. Sobre todo de no amar como me amaron y de causar algún tipo de sufrimiento, cualquiera que este sea. Pero puedo decir que al hacer el recuento de los daños al final todo lo que he vivido me ha enseñado algo y si eso no fuera así habría vivido en vano.

Primero, tengo suerte de estar viva. Y esa es una verdadera suerte considerando que semanalmente tengo que cuidarme de que un carro no me atropelle por distraída. O considerando esas veces en que no controlé la bebida y me pudo pasar cualquier cosa, pero por suerte llegué a casa sana y salva. Tengo suerte de que nunca me hayan asaltado considerando que aquí, a casi todo el mundo han asaltado. Tengo suerte de que las 5 veces que chocaron los carros en donde yo viajaba solo me causaran heridas menores. Tengo suerte de que mi embarazo no se complicara y que la cesárea hay sido bien hecha. Tengo suerte de no tener ninguna enfermedad grave.

Tengo suerte de tener a mi madre y a mis hermanos vivos. De que mi padre ya descanse en paz luego de tanto sufrimiento. Tengo suerte de que mi hermana me quiera tanto que a pesar de todas mis malcriadeces y tonterías me siga albergando en su casa. Tengo suerte de tener una hija maravillosa, inteligente, comprensiva y buena, sobre todo buena. Tengo suerte de que me adore y quiera vivir conmigo a pesar del poco tiempo que le puedo dedicar.

Tengo suerte de haber terminado una carrera universitaria, suerte que no tienen muchas. Aunque a veces pienso que debí estudiar otra cosa, no me arrepiento de haber estudiado Lingüística, porque en esos tiempos esa era mi meta y ese era mi sueño. Pero los sueños cambian como cambian las personas y por eso tengo suerte de hacer lo que quiero en estos momentos, de luchar por lo que considero es importante para mí y para muchxs más.

Tengo suerte de pertenecer al MHOL. De que en determinado momento Mary se decidió a darme su confianza y que 3 años después me la renovara de una forma que jamás creí posible. Y que ella también creyera en milagros. Tengo suerte de conocer y compartir con las y los activistas más corajudos, más honestos, más coherentes y más locos que he conocido jamás, y eso me enorgullece, porque es demasiado fácil ver a gente que se vende y que se compra, pero no a gente que hace las cosas por amor y con valentía.

Tengo suerte de tener un trabajo en donde puedo leer casi todo el día, en donde trabajo al lado de las amigas que más quiero, en el horario que más me conviene, con lxs jefes más comprensivos del mundo que me permiten realizar algunas actividades del activismo LGTB, y eso es prácticamente un milagro, porque en otro trabajo no serían tan condescendientes, y les importaría un pepino lo que hago.

Tengo pocas amigas, pero tengo suerte de que estas pocas sean importantes para mí. Tengo suerte de que soporten desplantes, indiferencia y mal humor. Tengo suerte de que me quieran como soy porque sé que eso es a veces complicado. Tengo suerte de que siempre estén a mi lado, y que a pesar de no ser muy comunicativas sabemos que podemos contar con la otra para cualquier cosa, en cualquier momento, en cualquier circunstancia. Tengo suerte también de admirarlas como seres humanos, como activistas, como mujeres luchadoras.

Tengo suerte de tener una ex novia que me hizo muy feliz y que aún me quiere. Y yo tengo mucha suerte de aún quererla. Porque todo lo que pasó entre las dos los últimos meses pudo habernos llevado al más intenso de los odios. Pero de alguna forma ninguna de las dos se permitió odiar lo que alguna vez se había amado, y eso es lo único que nos permite seguir adelante con nuestras vidas. Y volver a soñar y volver a construir ilusiones. Ella me enseñó muchas cosas, lecciones que nunca pensé aprender ya que nunca las pensé vivir. Gracias a ella soy una mujer que no volverá a cometer los mismos errores, que ha aprendido de sus defectos y de sus virtudes, y que está más preparada para futuras relaciones.

Tengo suerte de estar viva, tengo suerte de tener una familia, tengo suerte de tener una hija, tengo suerte de tener amigas, tengo suerte de luchar por lo que quiero. Tengo suerte de haber sobrevivido al amor y al desamor. Tengo suerte de continuar en este mundo haciendo lo que me hace más feliz con gente que me da felicidad.

Tengo suerte de ser lesbiana. Tengo suerte de amar a otras mujeres, porque me dio una perspectiva nueva, diferente y transgresora de ver la vida. Una forma de vida realmente liberadora y que me llena de muchas satisfacciones.

 Soy una mujer con suerte.



{24 diciembre 2011}   Presencia

La soledad de los cines siempre me recordará a ti. Las papas fritas crujientes. Las risas de los locos. El olor de la fruta. Pienso en el pasado y esbozo una sonrisa. Pienso en el futuro y las duras miradas se repiten.

Pienso tan intensamente en ti que al día siguiente estoy muy cansada. Como si hubiera corrido una maratón de recuerdos. Luego en el trabajo red bull con coca para variar. Mantener los ojos abiertos cuando solo los quiero cerrar para soñarte. Y recostar mi cabeza sobre tu pecho y no sobre el duro escritorio de madera. Y perderme.

Las primeras horas son los recuerdos de día. Las siguientes horas son los recuerdos malos, los más recurrentes. Las últimas horas son pensar en cómo recomponer mi vida contigo y sin ti. Contigo a mi lado todo el tiempo. Porque tu recuerdo es más fuerte que tu propia presencia. Porque prefiero tu recuerdo porque es más humano. Es capaz de abrazarme sin mentirme y de consolarme sin lastimarme. Amo tu recuerdo a pesar de que no te amo a ti. Amo cada sueño soñado contigo y me alejo de la pesadilla de tus vaivenes. Amo las posibilidades, no las probabilidades. Me asusta verte otra vez, porque sé que los recuerdos se arruinarán y solo quedarás tú. Desnuda, inacabada, triste. 



{24 diciembre 2011}   Ficción

Estábamos en el cine las dos cuando casi al mismo tiempo nos lleguen mensajes a cada una. A ella su novia le había escrito que tenía problemas. A mí, una amiga me decía que estaban celebrando el fin de año adelantado y quería celebrarlo conmigo. Le digo que quizás en dos horas. Quizás.

Ella estaba desesperada. Sabía que iba a arruinar el momento otra vez, casi en la misma circunstancia de hace varios meses y sabía que no podría evitarlo y que tendría qe asumir las consecuencias, otra vez. Y eso la asustaba. Le asustaba la posibilidad de perderme otra vez y esta vez no recuperarme.

Creo que en algún momento yo perdí la capacidad de indignación. Solo le dije: haz lo que creas correcto. Y ella se fue. A la mitad de la película dejándome completamente sola en una sala repleta de gente.

Yo salgo y no sé qué hacer, quiero irme a mi casa pero mis cosas están en su cuarto. No quiero celebrar nada pero no me queda otra que ir a la celebración. Suspiro y voy para allá. Sé que mi amiga y yo terminaremos besándonos,  de eso no hay duda. Y sé también que me gustará y que eso es lo que estoy buscando cuando voy hacia ella.

Llego y me reciben, me invitan cerveza, todas cantan. Luego me llegan mensajes de ella. Ya ven. Ya se fue. Ven por favor. Regresa. Quiero dormir contigo. Vuelve ahora.

Le digo que en un par de horas, que necesito distraerme, que quiero estar sola. Me dice que no lo haga, que vuelva a ella, que me distraiga con ella. No le vuelvo a contestar.

Cuatro horas después regreso a ella. Está furiosa. Me odia. Golpea la pared y se lastima la mano una y otra vez. Respira rápido y llora. Yo otras veces lloraba a su lado. La contenía. Cogía su mano y evitaba que se golpeara. Tranquilizaba su respiración. Velaba su sueño. Ahora dejo que se lastime. Deseo que se lastime. Deseo dormir. Solo son amagos de tragedia. Tragedia tantas veces repetida, tantas veces vivida.

Luego hablamos, pero aún no comprende la dimensión de su falta. Creo que nunca lo comprenderá. Es una niña. Inmadura, insensible, egoísta, pero niña al fin y al cabo. Extraviada en el pasado, hundida en los recuerdos. Perdida, llorosa, dubitativa. Y soy solo soy una mujer cansada que quiere dormir profundamente, despertar, ir a trabajar y seguir viviendo. Sin ella.

Al día siguiente actúa como si nada hubiera pasado. Yo actúo como si todo hubiera pasado. Estamos tan cerca y tan lejos. Como si un millón de estrellas se colocaran entre nosotras y nos impidieran tocarnos, a pesar de que nos tocamos. Como si nos impidieran besarnos a pesar de que nos besamos. Como si nos impidieran amarnos a pesar de que nos amamos. Y yo me alejo otra vez como tantas veces. Con el sabor de la derrota en cada poro de mi cuerpo. Y con todas las posibilidades a flor de piel.



{22 diciembre 2011}   desbandes

La última vez que besé a una chica, exceptuando a mi ex, creo que fue en octubre. Esa vez que me quedé dormida mientras Z me besaba. Luego la volví a ver varias veces más, pero ya no volvimos a besarnos, coqueteábamos un poco pero nada más. Aunque creo que ahora nos llevamos mejor que antes. Por lo menos para eso sirvió el beso.

Esa fue la penúltima vez. Esta si es la última (espero que no del año). El martes, luego del último taller del año para lesbianas y bisexuales, con las chicas fuimos al Vale. Estuvimos bailando entre todas, aunque yo generalmente bailaba con L, a quien conozco de hace años y nos tenemos una confianza única porque podemos toquetearnos y darnos besos y andar de la mano pero sabemos que seguimos siendo muy buenas amigas y no hay ningún malentendido.

Luego L se fue y fueron quedando menos de las 13 iniciales. Llegó el momento en que solamente éramos 4. Y de esas 3 solo con una había posibilidades de algo. Porque 1 era hetero y la otra no me gustaba nadita. Así que mientras bailaba con S la beso, ya estábamos picadas así que se me fue la timidez, ¿o ella me besó? No recuerdo muy bien, pero de pronto lo único que hacíamos era besarnos toda la noche frente a las pocas chicas que quedaban, quienes no dejaban de traer jarras.

Recuerdo que me dijo que le gustaba cómo besaba, y ya van tres que me dicen eso este año, sin contar a mi ex que no me lo decía, y yo creo que porque nunca encajamos bien en esto de los besos, pero con otras qué bien puedo besarme; así que voy a empezar a creerme que realmente beso bien (necesito aumentar mi autoestima).

Luego de tantos besos, porque realmente nos besamos mucho, hasta en el taxi que compartimos, cada una se fue a su casa.

Ahora tengo la ligera sospecha de que no vamos a volvernos a hablar en mucho tiempo. Porque, primero, lo de besarnos no estaba en el plan de ninguna de las dos, en el taller ni nos miramos y no nos interesamos para nada, mutuamente. Segundo, mientras estábamos recostadas en los colchones que hay en el Vale, me dijo que le gustaba L. Tercero, el roche. Cuarto, creo que sigue sin interesarnos mutuamente nuestras vidas. Quinto, no es mi tipo ni yo soy su tipo porque, sexto, me pareció gracioso cuando se refirió a algunas chicas que también estaban en la fiesta así: “mira, ahí hay tres pasivas con una activa”.

Así que, fin de la aventura. Y a esperar a que vengan más. Y que alguna de ellas sea la que yo por fin pueda realmente querer.



{22 diciembre 2011}   sin cambios de rumbo

Aprender a desaprender no es fácil. Una tiene que luchar con muchas cosas arraigadas por demasiado tiempo. Aceptar que no son fáciles de dejar pero que te hacen daño. Y tener la esperanza de que alguna vez puedas dejarlas de lado. No perder esa esperanza.

Pero no solo es aprender a desaprender lo que te puede ayudar a sobrevivir. Lo más difícil y complejo es, sobre todo, una tiene que aprende a lidiar con el dolor. Con dolores nuevos que nunca te imaginabas capaz de sentir. Y es el dolor el que no te deja avanzar, porque te devuelve a tiempos que añoras y a emociones agradables que alguna vez viviste con determinada persona y que no volverán. Y el reconocer que no volverán, que se acabaron, que no hay marcha atrás y que nada es para siempre duele.

Duele tanto que sientes que tu cuerpo es incapaz de seguir soportando tanto dolor y que de un momento a otro sucumbirá y se rendirá. Y por fin podrás decir adiós. Pero también es tan fácil hundirse en el dolor, en la autocompasión, en el desapego a la vida. En las lágrimas de la mañana, de la tarde y de la noche. Porque parece que no tendrá fin, que no hay necesidad de luchar, que nada tiene sentido más que el estar tirada en la cama recordando y llorando. Y todo se convierte en un círculo vicioso.

Mientras tanto, una se sigue levantando diariamente a cumplir con las rutinas de siempre, el trabajo, el activismo, la familia. Diariamente y sin menoscabo las horas se llenan, los minutos se completan, los segundos vuelan. Los días se pierden solo esperando a que llegue la noche para que termine de una vez el malestar y la pena del día. Y venga otro día nuevo de pena.

Y los días que se repiten, las historias pasadas que no quieren irse e insisten en seguir metidas en tu vida y la debilidad y el volver a aceptar solo para no estar sola. Es la lucha contra la soledad la que debo ganar. Es la soledad lo que hace que vuelva a hundirme en esa historia que ya es pasado, que ya murió. O que quizás a evolucionado. Quién sabe. Nada está escrito sobre las relaciones humanas. Y todo lo que una pensaba que sería no es nunca. Ni lo volverá a ser.

Y para todos los demás la misma máscara de felicidad y despreocupación, la misma persona inteligente y risueña. La que hace chistes de doble sentido y todo lo ve sexual. La que tiene un cargo importante y sigue intentando encajar en él, como con todo en su vida. La que va y viene y hace cosas, comenta, fastidia, se pelea con la gente.

Es fácil también vivir con máscaras. Creo que la mayoría de nosotras sabe cómo hacerlo. Es una forma de sobrevivencia más como tantas otras. Y es sobre todo para evitar las preguntas de la gente. Creo que yo podría vivir sin hablar con las demás personas. O solo responder “ajá” todo el tiempo. Monosílabos. Onomatopeyas. Ruidos. Nada de palabras. Nada de conversaciones. Solo murmullos y susurros. Sé que esta forma de ser mía también arruina mis relaciones. No sé si deba a empezar a entablar relaciones más humanas con la gente. A estas alturas de mi vida no tengo muchas ganas de nada.

Quizás sean las fechas que están muy próximas las que me ponen en este estado melancólico. Sumado a lo que pasó con mi relación amorosa. Sumada a las presiones como directora. Todo se suma y nada resta. Y en mí se van acumulando cada día más pesos. Más ganas de no hacer nada. Más tareas que hacer cada día.

Y así el mundo sigue girando. Las personas despiertan al nuevo día esperando realizar acciones impresionantes, la nueva oportunidad, la casualidad que cambie sus vidas. El destino, la suerte, el azar. Como todos, como nadie, como yo.



{14 diciembre 2011}   sin mirar atrás

No puedo evitar decir que sigo pensando en ella, pero no como si la amara, sino como un recuerdo triste, es lamentable, pero al final en eso nos convertimos, en un recuerdo triste o en un recuerdo feliz, pero al fin y al cabo, un recuerdo.

Sigo trabajando, sigo en el activismo y sigo viendo a mi hija, ¿mencioné que el otro año va a vivir conmigo definitivamente? bueno, apenas terminen sus clases realmente, o sea, en una semana, pero quiero creer que es como si fuera un año nuevo una vida nueva.

Ahora tendré más responsabilidades que nunca y más gastos que nunca también, así que quizas fue bueno terminar con K, y lo que logre ahorrar lo gasto en Cami, no me queda de otra tampoco.

He salido con algunas chicas últimamente y no me he sentido de muchos ánimos para seguir saliendo con ellas. No creo que sean ellas las del problema, soy yo, y esta vez es cierto, no es una excusa de las que siempre invento. Supongo que con el tiempo la situación mejorará. Eso espero, realmente quiero una chica que me ilusione para que me quite toda esta tristeza que aún llevo dentro. O por lo menos que me distraiga bien.

La última chica con la que salí este martes sí que está medio loca. Me dice amor y te amo. Y yo pienso, a esta qué le pasa. Ni siquiera me conoce bien, solo ha visto mis fotos del face. Bueno, ante tanta insistencia quedé en salir con ella a pesar de que ella no tiene foto en su face. Y obvio, no me gustó nadita, pero me dije, bueno Vero, trata de conocerla un poco más, trata de conversar con ella, no la descartes tan rápido, pero fue peor, salimos a conversar y no dejaba de mirarme con cara de enamorada, de decirme que estaba loca por mí, y de alucinar feo. Yo ya no sabía cómo decirle que no me gustaba, que no era mi tipo, que no tenía ganas de estar con nadie, que me dejara en paz.

Ay, no para un choque y fuga sirve. Por suerte ya no pienso verla más aunque a veces pienso que va a seguir insitiéndome por teléfono, pero igual ya fue. De nuevo sola y sin citas.

Necesito una novia pronto, urgente, ya.

 

 

 



{2 diciembre 2011}   días que pasan

Estoy tranquila, y eso ya es bastante decir, desde la última vez que nos vimos no hubo llanto, tanpoco drama. Esto está demasiado tranquilo. Tampoco hubo chicas. Parece que huyo de ellas o ellas de mí. No tengo tiempo, no tengo ganas. Será el clima también, hace calor, hace frío, todo está jodido. Por suerte ya estamos en diciembre. Mes de vacaciones, por lo menos del activismo. Espero. Necesito vacaciones urgentes y replantearme cosas. Solo dos semanas más y todos descansaremos de reuniones, articulaciones, eventos, presentaciones, programas, etc., etc.

Así que no sé qué escribir, creo que era mejor el drama. Ahora no tengo nada que decir. No la veo y eso es bueno. Tampoco estamos peleadas, de vez en cuando nos mandamos mensajes de texto, todos bastante diplomáticos hasta ahora, a veces quiero verla y generalmente desisto. Me da flojera. Volver a empezar todo de nuevo y otra vez terminarlo. Y generalmente soy yo la que lo termina. Y también soy la que vuelve cuando ella llama. vamos a ver cuanto me dura la voluntad ahora. Por lo menos quiero llegar al 2012 más libre y con más ganas. Y también con más plata. Sola ahorro mucho dinero.

Ya se me ocurrirá escribir sobre algo. Espero tener alguna aventura interesante esta semana, o este fin de semana, o la semana siguiente. ¿Ven que no tengo nada que decir y solo escribo idioteces?

Bueno, fin, espero que la próxima tenga una linda historia que contar.



{24 noviembre 2011}   Consecuencias

Parece que tengo más fans de lo esperado. El post “Aprendiendo de los errores” tuvo serias consecuencias, aunque quizás inconscientemente buscaba serias consecuencias en mi vida. Es que eso es mi vida, un conjunto de seria circunstancias que me deciden, me mueven, me toca, me voltean, me arrastran. Y las serias consecuencias son que ya no me quiere hablar, en pocas palabras, no quiere verme. Y yo que tanto detesto la seriedad de las cosas, porque yo soy una persona seria, y la verdad no quisiera serlo, me gustaría ser más vivaz, pero volviendo al tema.

Te dije que conseguiría que me odies. Parece que lo estoy logrando.

Alguien le envió mi blog a la “novia”. La “novia” se molestó. Y ahí radica el fin. Y quizás el comienzo. Yo lo acepto. Acepto tantas cosas que una más me da igual. No me importa. Todo tiene su lugar en mi existencia. Soy un cúmulo de adioses y bienvenidas. Esto no me destruye. Pero sí sigue construyendo en mí un nuevo ser. Desligado de la realidad, desconfiado claro, un poco obseso. Espero enfocar mis energías en otras tareas y dejar de seguir huyendo de ellas. Espero también dejar de lamentarme de algo que tenía necesariamente que perder.

Entonces, de pronto me llegan mensajes en donde me dicen que “ya fue”, que ni se me ocurra regresar, que me vaya al diablo (bueno, era peor que eso). Y cómo yo he estado bastante tiempo en el infierno, digo, qué novedad, estos seis meses he estado ahí, no me estás mandando a ningún lugar nuevo. Ese es mi hogar.

“Saca tu ropa y entrega las llaves”. Cuántos millones de personas han atravesado por una situación similar. Me convertí en una más de las estadísticas de las despedidas. Ok, cuando tenga tiempo lo haré. Sé que algún día tendré tiempo, no te preocupes. Adiós Millenium 3.

También me dijo que diga la “verdad”, pero creo que no hubo post en donde yo no dijera que he sido una pésima pareja. Y eso es algo que tendría que recalcar hasta el límite de la terquedad. Fui una muy mala pareja. No soy una víctima. En el juego del amor no hay víctimas. Hay heridos por ambos lados. Solo que algunos escriben y otros callan. Y el que escribe tiene la posibilidad de escribir “su” historia. Así es la vida.

Yo supongo que todo esto, en el fondo, es bueno para la “novia”, al fin y al cabo le hice un gran favor. Ahora la tiene solo para ella. ¿No era eso lo que quería? Vamos, soy buena cumpliéndole los deseos a la gente. Soy usable… y desechable. Encontré mi vocación. Llenaré mi vida de caídas en los basureros de la ciudad. Recorreré las calles tratando de desecharme en todos los cuerpos que se arrimen a este árbol caído. Mis raíces te envolverán por unos instantes, te harán soñar, te edificarán un mundo posible. Y luego lo dinamitaré todo. Y estarás tan destruida como yo. Y tu alma marchita caminará, buscando y perdiendo lo que nunca tuviste, lo que nunca tendrás.

Así que ahora el panorama es otro. De vuelta a la vida que debí tener desde el primer día que me enteré del engaño, llamémoslo traición mejor, suena más dramático. O sea, de vuelta a recomponer paso por paso mi pasado para insertarlo con mi presente y por fin tener un futuro. O sea, nada otra vez. Como si las imágenes se hubieran borrado de repente y una caminara a ciegas entre la densa neblina del inconsciente.

No tengo pretextos ni disculpas, sabes que tengo ganas de besarte siempre y a la vez besar la suave respiración de las aves. Tampoco tengo argumentos para mi poesía. La poesía que me salía a borbotones al ver tu sonrisa de niña extraña. Tan amplia y tan lejana. Y cuando tenga ganas te pensaré. Te dibujaré estrellas en pequeños papeles que encuentres por las calles y los dejaré tirados por ahí a ver si tus pasos te llevan hacia ellos. Solo espero que alguna de esas estrellas ilumine alguna de tus noches más oscuras.

Y aunque me contradiga no podré evitar hablar de amor cuando te recuerde. Porque a pesar de que me repita infinitamente que te odio no te odio, y tampoco creo amarte. Y eso es lo más raro. Quizás es un amor raro, porque no creo que el amor sea así. Quién sabe. Cuántas mujeres habrán amado así y habrán creído que ese era el único amor posible. Yo espero que no sea así, realmente, por el bien de mi espíritu, y también por el bien del amor.

Mientras tanto, seguiré recargando este blog de tristeza y melancolía, hasta que se me vuelva a iluminar el alma. Hasta que una luz se encienda en esta oscuridad que me invade todos los días, pero sobre todo los domingos. Que día más jodido es el domingo. Temo que llegue, que me encuentre desprevenida, que no pueda tolerarlo y sea vulnerable, a su sol temprano y a su luna vacía. Espero algún día tolerar las 24 horas del día, los 60 minutos de la hora, los 60 segundos del minuto sin ti, sin ti, sin ti.



{24 noviembre 2011}   Tal vez será mejor tal vez

“Tal vez será mejor  tal vez, que no vuelvas a llamar, no sé, recuperarte o escapar. Tal vez será mejor caer y volverse a levantar, llorar, perder el miedo y volver a empezar. Yo sé que duele  terminar, que el mundo no se va a acabar y que la vida debe continuar. Y aunque mañana te siga pensando sé que tú y yo no podemos hablarnos y aunque la duda me robe un suspiro será difícil que seamos amigas, tal vez será mejor. Tal vez mi corazón se fue, no te pude acompañar, no más, se fue de viaje a otro lugar. Yo sé que duele terminar, que el mundo no se va a acabar y que la vida debe continuar”.

Supongo que así es mejor, que ella me odie es lo mejor. Tengo que repetírmelo veinte mil veces para aceptarlo. Por favor que me odie, que me odie, que me odie. Que ya no quiera hablarme, que se aleje de mí, que me deje hacer mi vida,  que no me vuelva a decir todas esas palabras engañosas. Que no me dé más esperanzas. Que no me dé gotas de ilusiones para luego dejarme morir de sed en el más espantoso de los desiertos. Que no sueñe conmigo salvándola del fin del mundo. Que no me diga que en cada calle que camina me recuerda y que a cada paso mi imagen se aparece. Que no me mencione todas las canciones que cantamos juntas ni las canciones que bailamos juntas ni las canciones que nunca cantaremos ni bailaremos juntas. Que se me vacíe el alma. Que se me seque el corazón de una vez y que todo el amor que aún siento se vaya como se va por el desagüe todo el desperdicio de la ciudad.

Nunca he deseado tanto que alguien me odie para dejarla de amar. No pensé que en eso se convertiría mi amor. En un deseo indescriptible de definiciones radicales, últimas, finales. Ya ni siquiera me consuelan los abrazos vacíos, los furtivos besos, los deseos informales de una noche. Antes tenía una enorme necesidad de un clavo que me sacara otro clavo. Ahora no quiero nada más que soledad. No quiero ni luz ni oscuridad, quiero letargo, un letargo infinito. Realmente necesito vacaciones de todo esto.

Una puede pensar que luego de seis meses ya se pueden superar algunas cosas. El problema es que estos seis meses solo se convirtieron en una vorágine de pasiones, culpas, desprecios y reconciliaciones. Deseos de cambiar y deseos de destruir todo. Mirar el futuro y mirar el pasado. Sin soluciones. Sin paz. Sin calma. Sin confianza. Y de vuelta todo a empezar.

Espera el 2012, me digo, se acerca el fin del mundo. Aguante, aguante mujer. Ya llega el fin. Ya llega. Aún estoy a tiempo para dar los últimos suspiros de amor. Luego, el dulce olvido, el esperado olvido, el necesario olvido. Ya llega, ya llega, no desesperes, y mientras tanto, la desesperación, el ansia, la angustia, el ahogo, la melancolía, la desazón, la frustración, el rencor, la ira, la rabia, el dolor. La soledad. El adiós.



{21 noviembre 2011}   aprendiendo de los errores

Esta será la “n” vez que trato de ser fuerte y no caer nuevamente en sus redes. Es difícil.  El amor aún se mantiene, pero al lado van la desconfianza, la rabia y otros sentimientos desagradables y sin nombre. Trato de sobrellevarlo, de que no me importe, de que solo su calor, sus palabras y sus besos importen, pero no, vuelvo a estar sola y todo el desamor se acumula en mi cuerpo y me impide pensar, caminar, trabajar, dormir, respirar.

Eso de tratar de olvidar es una lucha constante, sobre todo porque uno siempre piensa en lo mismo una y otra vez. Sin cesar. Aparece en cada momento, en las calles que recorrimos juntas, en las canciones que ponen en las radios, aunque a veces hay relativos momentos de calma. A veces los primeros días me parecían más difíciles, pero estos dos días que no la veo han sido fáciles. Es ahora cuando escribo que otra vez se revuelven los recuerdos en mí. Y empieza la lucha entre perdonarla como mil veces ha pasado o ser fuerte y resistir el dolor, la pena, la tristeza, la melancolía.

Quizás no me explico bien, ella dice que me ama. El día del cumpleaños de su novia (lo celebraron en el Vale) me mandó algunos mensajes de texto, uno de ellos decía: “Estoy ligada a ti, estoy conectada, tú eres el amor de mi vida y mi otra mitad, siempre voy a regresar a ti por el simple hecho de que eres todo y mucho más”. Y otro era así: “Yo K. A. te voy a amar por el resto que me queda de vida y quiero que sepas que mi corazón y mi vida es solo tuya. Te amo, eres el amor de mi vida y como tú nadie más”.

Yo pensaba cómo puede estar con su novia en este momento y mandarme ese tipo de mensajes. Mientras tanto yo estaba en el cine con una chica y mientras nos besábamos, comíamos canchita y no le prestábamos atención a la película, respondía los mensajes diciéndole cosas parecidas. Claro, mi amiga se molestó y casi me lanza el tazón de cancha en la cara, pero luego se calmó (aunque no pienso volver a salir con ella, porque está loca, y para locas tengo suficiente con mi ex). En algún momento también se me ocurrió reenviarle los mensajes a su novia, quizás esa sería la única forma de romper la conexión, que ella me odie y ya no quiera hablarme. Pero no fui capaz de ser tan mala, ni con ella ni con la otra, así que eliminé los mensajes antes de que el diablito volviera a salir de mí.

Así que luego de eso volví a sus brazos y de pronto me convertí en la otra. Y pasé más tiempo con ella que cuando era la firme. Supongo que a ella en el fondo le gusta esta situación. Por un lado estar con dos y solo tener que mentirle a una, por lo menos es más cómodo que mentirle a dos. Habremos estado así como dos semanas, coordinando horarios para no cruzarnos, escondiéndome en el baño cuando venía de pronto. Una noche habíamos quedado en que dormiríamos juntas. Ella tenía que ir al cine con su novia, luego la acompañaba a su casa y venía conmigo. Pero la novia no quería irse, quería pasar la noche con ella. Ella le dijo que no, que no se podía, que necesitaba su espacio, que ya habían hablado de eso, que no iba a cambiar de idea. Entonces la dejó y vino conmigo. Ya estábamos a punto de dormir cuando le llega un mensaje en donde ella le decía que estaba afuera en su puerta. Ahí si nos asustamos. K me dijo que no me preocupe, que lo iba a arreglar. Cuando vuelve me dice que la había acompañado a un hostal para que pase la noche ahí. A mí otra vez me parecía increíble cómo la novia no se daba cuenta de la situación. O sea, ¿quién prefiere su “espacio” a su novia? Nadie. Pero hay que tener ganas de ser ciega (y eso es algo que yo he vivido).

Al final me cansé otra vez. Sentía que no me merecía estar en esa situación, que ninguna de nosotras se lo merecía, sea lo que sea que hubiéramos hecho en nuestras vidas pasadas. Y le puse otro ultimátum, me dijo que no podía escoger, que no se lo pida. Entonces ya escogiste le dije. Y me fui.

Tampoco entiendo por qué le doy a escoger si sé que no voy a volver con ella. Que nunca le voy a creer. Que nada será lo mismo. Ganas de joder que tengo. Además, ella tampoco es la misma, yo conocí a una chica sonriente, alegre, llena de vida, que quería coger el mundo con sus manos, que quería tomarlo todo. Ahora eso solo es un recuerdo, es una mujer triste, deprimida, cegada por la rabia, llena de mentiras, y ella lo sabe y eso la deprime más. Ella ya no es la misma, ninguna de las dos es la misma.

En una de esas conversaciones que solo se consiguen después de tomar mucho y de tener por demasiado tiempo contenidas las palabras me dijo que se arrepentía totalmente de haber aparecido conmigo en televisión, que era de lo único que se arrepentía en la vida, porque ahí comenzaron sus problemas, a ella la botaron de su casa, perdió el empleo que le habían ofrecido en Canadá, perdió la oportunidad de viajar y estudiar por la que tanto había luchado, pero no solo eso, eso quizás hubiera sido lo de menos si yo, en esos momentos difíciles de su vida, hubiera sido realmente una buena pareja y la hubiera apoyado y sostenido, la hubiera comprendido y ayudado.

Pero no, me comporté en forma egoísta, la dejé sola, y mientras a mí todo el mundo me felicitaba y se admiraba a ella la rechazaban y la dejaban desamparada, incluida yo, la única persona a la que ella hubiera querido tener a su lado. Y yo lo reconozco, sé que fui una insensible, egoísta e indiferente y le pedí perdón mil veces por eso. Pero parece que esas heridas no se curan. Le dije que con lo que me ha hecho sufrir he pagado con creces todo lo malo que pude hacerle. Pero ella me dice que no, que a ella le importa un pepino lo que yo sufrí, que nada se compara a todo lo que ella perdió, porque ella perdió hasta las ganas de vivir y moría lentamente. Yo no lo quise decir que esa también era mi situación. Ya era demasiado.

El viernes la pasamos bien, estuvimos en el cine viendo Amanecer. Y luego pequeñas mentiras se fueron acumulando. Y es tonto porque yo no debería reclamarle nada si soy la otra. Pero igual reclamé. Y de nuevo todo se arruinó. Yo tenía que recoger a Cami y llevarla a mi casa, todo estaba tranquilo y ordenado. Yo me iba a mi casa y ella a la suya. Pero cuando fui a recoger a Cami ella no quería ir porque era el cumpleaños de su primo y quería quedarse en la fiesta que le estaban haciendo. Así que la llamé y le pregunté si me podía quedar esa noche con ella. Ella me pregunta: “Que pasó. No. Vamos a salir”. Y yo me quedé congelada con el auricular, y luego dije: “No hay problema, chao”.  Unos minutos después me llega un mensaje: “V qué pasó, please”. No contesté. Luego otro: “Ven ya no voy a salir”. No contesté. Una hora después: “Dónde estás”. Nada. Otro: “V, sí iba a salir pero no con ella, sino con una amiga, pero no me dejaste explicarlo porque cortaste al instante, pero después  le dije que no podía. V, a estas alturas no tengo porqué mentirte, ya no más de eso, háblame cuando quieras hacerlo o estés mejor. Te quiero mucho”.

Para qué más mentiras, ella tiene razón, así que esa noche tomé esta decisión que me duele, pero es necesaria, para que ella viva y para que yo también pueda vivir. Antes me había puesto como fecha final el 31 de diciembre para tomar una decisión. Pero no tiene el más mínimo sentido, más que seguir torturándome. Me imaginé ese día esperando su llamada, sus mensajes, las palabras mágicas que me devolvieran la vida y luego nada. Nada. Y de nuevo a buscar todos los pedazos de mi corazón y reconstruirlo. No quiero que pase eso, no quiero esperar algo que sé que nunca llegará, y que si llegara volvería a echarlo de mi vida.

Así que noviembre se vuelve el mes del fin, antes apenas me llamaba yo iba volando a sus brazos. Ese viernes en algún momento deseé bajar del carro y en mi mente coordinaba las horas. Pero desistí y me fui de frente a casa. El sábado me dijo que vaya y le dije que ok. Luego me sentí tan cansada y sin ganas de nada que me fui a mi casa. El domingo me llama y me pregunta qué pasa porque no entendía lo que sucedía, le dije que iba a tratar de alejarme de ella. Balbuceamos unas cuantas palabras más y se terminó la comunicación. 

Ahora le escribo su carta de despedida. Bueno, realmente es una dedicatoria, y se la voy a escribir en el libro de Millenium 2 que le compré hace poco. Dice así: 

“Tú me escribías cartitas, yo te escribo esta dedicatoria.

Amor, deseo con toda mi alma que seas feliz y que recuperes esa alegría perdida.

Creo que es necesario que alguien se decida y quizás deba ser yo, porque no fui la que más di, pero sí la que más perdí.

Te llevaré en mi corazón por siempre, eso tenlo por seguro, pero necesito hacer y deshacer mi vida otra vez para poder reconstruirla como quiero y también volver a ser feliz.

Me hubiera gustado que las cosas fueran diferente, pero así sucedieron y ya no hay marcha atrás. Te deseo lo mejor del mundo, que estudies, que progreses, que te enamores bien, que seas una gran profesional, y que todas tus metas, proyectos y sueños se cumplan.

Sabes que siempre tendrás un lugar especial en mi vida, porque contigo aprendía a amar, y también aprendí a perder lo que más se ama.

Espero, en el futuro, volver a amar. Y tal vez, poder algún día ser amigas”.

Y colorín colorado…



{4 noviembre 2011}   locura de supermercado

Ayer, después de mucho tiempo, voy a comprar ropa con Toto a Oeschle, me hicieron un pago atrasadísimo y había que aprovechar antes de que se gastara en otras cosas. Así que estaba viendo la ropa y cotejando los precios (la verdad desanima comprar cuando todo está tan caro) y de pronto las veo, siiiiiiiiiiiiiiii, las dos malditas comprando ropa en el mismo sitio que nosotras y a la misma hora. Y de pronto nos íbamos a chocar las cuatro así que yo rápidamente me escondo echa una loca, la verdad no quería volver a verla de esa manera, y me choco con un stand y un colgador se me atora en la ropa y todo se vuelve un caos y casi me caigo. Un caos total, pero igual logré esconderme.

Le mando un mensajito: te extraño. Ella responde: yo también. Ella está conversando con Toto mientras yo trato de escapar de las miradas de la otra.Le mando otro mensajito: acabo de verte con ella, estamos en el mismo local comprando: Me responde: aunque esté con ella no quiere decir que no te extrañe.

Toto termina de conversar y me dice: Mejor vámonos. Ok le digo. Pero luego afuera nos aburrimos mucho y yo necesitaba la ropa porque el día siguiente tenía una reunión importante. Así que le escribo otro mensaje mientras esperamos que Pilar llegue: se van a demorar mucho??? Ella me responde: si quieres compras con nosotras. Respondo: ok, ahí vamos. Ella: disculpa mala broma. Pero era demasiado tarde.

Entramos las tres y comenzamos a buscarlas como quien no quiere la cosa, mirando la ropa y todo. Pero yo ya estaba adrenalínica. Quería ver que pasaba. Y las encontramos, seguían mirando ropa pero K ya me había visto y estaba medio nerviosa solo que trataba de mantenerse serena. Me acerco un poco y con la mano le digo ven. Ella viene y yo la abrazo, ella se queda quieta, le digo: ¿ya no puedes abrazarme? Y entonces me abraza y me da un beso en la mejilla. Luego saluda a las demás y yo me despido.La otra nos está mirando disimuládamente. Pienso en el daño que le hago. Pienso en el daño que me hizo. No se compara, pero igual me da un poco de felicidad.

Salimos de esa tienda carera para ir a otra en donde también nos engañaron. Luego de eso me manda un mensaje diciéndome para vernos más tarde. Le digo que ya, que me avise. Seguimos comprando ropa y también un par de zapatillas. Luego me llega otro mensaje: lo siento hoy no podrá ser, ella está con fiebre y muy molesta, quedamos para otro día ya. Ok, le respondo, tú me avisas.

Y ahí acabó otro día de locura. Al día siguiente yo tenía varias reuniones así que fue mejor irme a mi casa, dormir tranquila, poder ducharme y comenzar mis actividades más fresca y más fuerte.



{3 noviembre 2011}   Fin de fines

Retomando. Ella volvió de su viaje. Había pasado más de una semana que yo había regresado de Cajamarca a Lima. Y ella se había ido de Cajamarca a Chiclayo (según ella a visitar a una amiga). Y ahora estaba de vuelta, y otra vez persistiendo para que retomemos la relación.

Entonces regresó el domingo y lo primero que hizo fue ir a buscarme a mi casa para decirme que realmente quería volver conmigo, que se había dado cuenta de que me ama como nunca y que no quería perderme. En pocas palabras, la historia de siempre. Y como siempre, también, yo me dejé llevar. Pero no convencida por sus palabras, porque yo en el fondo sabía que eran las mismas mentiras de siempre. Sino porque no me gusta estar sola y quedarme en su cuarto para mí es super práctico por la cuestión de que está muy cerca al mhol.

Claro que ahora me dio una información más. Me dijo que, en cierta forma, nuestra relación se había terminado porque ella no se sentía satisfecha sexualmente. Que sentía que yo la trataba como un objeto o que mi único interés era tirar con ella y nada más. Reconozco que esa información no me lastimó ni un ápice. Hasta me sentí feliz de saberlo. Me dijo que ella necesitó hacer lo mismo con otro cuerpo y que por eso estuvo con la otra.

Así que volví a quedarme en su cuarto a dormir varias noches. Y el día del aniversario del mhol también la pasamos juntas aunque ella estaba disgustada porque no la besé en la boca al saludarla. Se quedó en un rincón oscuro de la casa llorando. Me dijo que la había lastimado. Yo le dije que no quería que actuáramos como pareja porque no lo éramos, que ya me había acostumbrado a ser libre, y sobre todo que no confiaba en ella, así que lo dejáramos como estaba.

Pero a pesar de aclararle este punto, al día siguiente le dije que lo único que podía lastimarme era que estuviera saliendo también con la otra. Ella me volvió a decir que ya la había dejado, que no pasaba nada y que ni siquiera se comunicaban. Entonces le pedí que me prometiera que ya no pasaba nada con ella, yo tenía un afán de joder la situación también, sino no hubiera hecho ese pedido. Y ella no pudo prometerlo. Y eso fue el motivo para disgustarnos otra vez.

Ella estaba tan molesta que usó eso como excusa para que no pudiera ir a su cuarto. Me dijo que iba a tomar con sus amigos y que no me apareciera. Era lunes.

Luego me manda mensajitos pidiéndome que me quede a dormir con ella. Que no la deje, que es una idiota que solo arruina todo. Así que le martes voy a su casa pero ella no está, luego me dice que su mamá se puso mal y tuvo que ir a verla. No me importó, igual me quedé a dormir, y fue una de las pocas noches en que pude dormir tranquila después de mucho tiempo.

Se sigue disculpando por su actitud y el jueves nos vemos un rato. Ella me dice que tiene un cumpleaños al día siguiente, que la acompañe. Yo le digo que no puedo, que me llevan a Pachacamac a un encuentro feminista. Entonces que ese día nos quedemos juntas, le digo que yo tengo otra actividad, que no puedo. Se va molesta. Luego me pide que me quede con ella pero yo no puedo, tenía que ir a mi casa a arreglar mis cosas.

El viernes no logramos vernos, ella sale tarde de su trabajo, y yo me voy de viaje por tres días. Pero nos seguimos comunicando por teléfono. Todo estaba bien y parecía que la tormenta ya había amainado cuando me llega un mensaje a las 4 de la mañana con el siguiente tenor: “Discúlpame por esto. Me fui a Chiclayo con A. El lunes que te dije que no podías venir era porque estaba con ella. La veo seguido porque la amo. Lo siento perdóname por esto. Tenía miedo de decírtelo”.

El mensaje venía de un celular desconocido. Obviamente del celular de A. Le respondí que no era la forma, que me lo dijera de frente o por su propio celular. Le reenvié el mensaje. Ella trató de llamarme pero no tenía saldo así que solo llegaban misios. Luego vinieron algunos mensajes más del mismo celular pidiendo perdón y que no responda más. Al día siguiente me llegan algunos mensajes más. En ellos A me explicaba mejor la situación: que ama a K pero que miente mucho, que dice que la ama a ella y a mí también, que es muy mentirosa, que a ella también le pasó lo mismo, que nunca se iba a perdonar lo que había hecho con nuestra relación, que no la odie porque ella no era la única culpable. Le dije que no la odiaba y que deseaba que fueran felices. Me dijo que no iban a ser felices nunca porque lo que comenzaba mal terminaba mal. Le dije que ya no me interesaba conversar sobre ese tema y que dejara de escribirme. Y ahí terminó la comunicación.

Luego K me escribió, me dijo que no sabía nada de nada, que ella me podía explicar, que entendía que yo estaba molesta, que no quería perderlo todo por favor. No contesté nada. Luego un mensaje más y todo terminó.

Yo leía y releía los mensajes y a pesar de ello creo que solo habré derramado una miserable lágrima. Me daba pena que toda mi tristeza se redujera a una pequeña lágrima pero así era. Me sentía tan seca, tan cansada, pero a la vez como que ya sabía todo eso que no me importaba porque yo ya estaba segura de que iba a pasar, solo esperaba el momento y llegó.

Por último le reenvié los mensajes mandados por A para que tenga una idea de lo que ya sabía. Me contestó que se sentía muy avergonzada como para pedir perdón. Que ella lo había matado todo con sus mentiras, pero que igual me amaba así yo no le creyera.

Ni siquiera furia sentí, ni rencor, era una sensación de pesadez extraña, de estar como aplastada pero a la vez con los ojos tan abiertos que podía verlo todo como sobredimensionado. Me sentía despierta y a la vez ausente. Triste pero despejada. Como si hubiera asumido un papel por fin en mi vida. Sobreviviente del amor y del desamor. De la alegría y la tristeza. De la pena y del placer. Me gustaba mi nueva sensación tan madura, tan ecléctica, tan fuerte. Pero a la vez tan cínica y fría. Era mi nuevo yo que se había levantado del suelo para seguir viviendo, pero que tal vez no era necesario que siga viviendo porque qué sentido tiene que en el mundo existan más personas así.

Y de esta forma concluyó esta extraña historia de amor, mentiras y desamor. Ahora a esperar la próxima historia que logre impactarme de esa forma. Sé que llegará y nos sentaremos juntas frente al mar, y caminaremos de la mano y no nos separaremos nunca más.

 



etcétera
Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.